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Es cierto, soy un fotógrafo que prefiere la impulsividad en la toma fotográfica y que luego encuentra la reflexión durante el proceso de edición para que el resultado final no sea solo un disfrute físico-visual, si no también conceptual. En este sentido, práctico de vez en cuando la Lomografía y… la fotografía móvil (como la llamo yo). Ambas te permiten hacer fotos más con el “estomago” que con la cabeza; cuando las uso, me hacen sentir libre, sin reglas, sin preocupaciones porque se sabe que al ver el resultado, uno se fija más en la sensación que se trasmite que en la técnica.

En una fría noche de invierno, me encontraba en Milano con mi BlackBerry, dando vueltas para buscar un sitio acogedor donde cenar. Callejeando por el barrio nevado donde me encontraba, percibía que lo que veía merecía ser fotografiado porque eran situaciones, momentos, fragmentos que me resultaban íntimos y a la vez universales. Abrí la cámara de mi BB y empecé a sacar fotos, olvidándome de la poca luz existente porque la que había, daba a las imágenes justo el toque “vintage” que la situación me sugería… continué un buen rato y cuando analicé las fotos me dí cuenta que hacían sentir cosas que para mi estaban relacionadas con mis primeros años universitarios lejos de mi familia. Por esto, en la edición he querido añadir un montaje que acentúa la sensación de emociones que se revelan desde la oscuridad de la memoria. He usado para esto un marco que me pasó mi amiga Cristina a la cual ya dediqué un post hace unas semanas (https://photosatriani.wordpress.com/2012/01/16/cristina-osorio/) y a la cual agradezco su contribución en la realización de este proyecto.