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Cuando visité la exposición de Eugenia Balcells “Años Luz” en Tabacalera Madrid (abierta hasta el 18 de Noviembre), estaba leyendo un “libro gourmet” como suelo definir yo aquellos libros que inesperadamente te atrapan y te embrujan, obligándote a volver a leerlo una segunda vez para vivirlo con los cinco sentidos; se trataba del libro “La luz es más antigua que el amor” de Ricardo Menéndez Salmón. En este libro que sugiero leer a cualquier amante del arte, se hace una consideración: “ la luz existe con independencia que exista un sujeto que la contemple”… cuando visité la exposición Años Luz viví justo esto porque se emprende un viaje hacia la memoria del Universo y por lo tanto hacia nuestro origen, empezando por los cuerpos celestes y llegando a los elementos que constituyen la materia.

Entrar en las salas de la exposición es como entrar en el templo de la luz (la protagonista única e imprescindible de cualquier fotografía) pero también de las tinieblas. En la instalación “Universo”, una bola tridimensional que representa el universo, flota en un espacio totalmente oscuro pero lleno del sonido emitido por los cuerpos celestes (y captado por la NASA) y se ilumina siguiendo la trayectoria del sol desde el amanecer hacia la noche profunda. En la instalación “Homenaje a los elementos” la luz se traduce en el rastro de su frecuencia en los elementos que constituyen la Tabla Periódica. En la instalación “Frecuencias” se representa a través de la luz la combinación de los elementos contenidos en la Tabla Periódica, creando una metáfora visual de la vida misma desde un punto de vista químico, que se plasma en un torbellino de luz y colores en el cual el visitador puede hasta “entrar”. En las imágenes que saqué mientras vivía esta experiencia sensorial, podéis haceros una idea de las tres instalaciones arriba mencionadas.

Esta exposición me ha parecido poética, nostálgica, fascinante, perturbadora, visionaria; un homenaje a muchas cosas: a la memoria del Universo, a nuestro origen, a la presencia del infinito en el infinitamente pequeño y en el infinitamente grande, pero sobre todo es un homenaje a la luz sin la cual nada podría existir, tampoco la fotografía…         

El título de este post es una frase de J. Berger