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Cualquier persona, incluidos los artistas y en especial manera los fotógrafos, debería siempre tener un buen nivel de auto-ironía; debemos ser capaces de reírnos de nosotros mismos, de nuestras manías, de nuestras convicciones, del entorno en el cual nos movemos. Existen siempre y en cualquier caso, mundos paralelos, perspectivas diferentes que no hay que olvidar.

Abstraernos de nuestra manera de enfocar nuestra arte y nuestro día a día es una muy saludable manera para innovar, reinventarnos y estar a contacto con la realidad que va a ser siempre nuestra fuente primaria de inspiración. La ironía y la auto-ironía son por lo tanto unas potentes herramientas que nos ayudan a mirarnos al espejo y ser críticos con nosotros mismos. A este respeto, hace algunas semanas, mi amigo, gran reportero y emprendedor Ferrán Mallol, propuso en su página de Facebook un post que a mi me pareció excepcional por su contenido y su enfoque; es de un blog que merece la pena seguir: Cienojetes porque enfoca con humor, sarcasmo y a veces algo de “mala-leche” el “mundo de la fotografía” y lo que rueda a sus alrededores. Así que ninguna palabra más de mi parte para dejar espacio al post “Mi cuñado quería ser fotógrafo”!

 

 

 

 

 

La próxima semana el post estará dedicado a una serie de imágenes que hice durante las Navidades y que relatan el proceso para hacer i “Cecetti”…se trata de un tema fotográfico-culinario sobre un oficio que nunca se debería perder…

Cienojetes

Mi cuñado tenía un nuevo propósito de año nuevo: quería ser fotógrafo. Como tenía éxito en el Instagram con sus fotos de comida y de aparcamientos vacíos se planteó la posibilidad de comprarse una cámara nueva. Vino a pedirme consejo y fue entonces cuando se lió la gorda.

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