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Cuando decidí ir a Tabacalera Madrid para ver esta exposición (abierta hasta el 28 de Abril), fui atraído más bien por su título que por la importancia del autor; mi imaginario fue estimulado por el nombre tan llamativamente poético de bosques de luz, que pensaba encontrarme imágenes de árboles en contraluz donde se perdía la orientación; casi una experiencia “psico-sensorial” y si esto llegaba de un maestro como Ballester, mi predisposición era la de ir a ver una exposición que me habría marcado para siempre. La realidad ha sido algo diferente pero igualmente fascinante; se trata en realidad de una retrospectiva de la trayectoria de Ballester, por lo tanto una colección de imágenes diferentes pertenecientes a tres grandes temas: ciudades, naturaleza y espacios ocultos, con un sutil hilo conductor hecho de espacio y luz. El aspecto realmente sorprendente y atractivo está justo en el contraste entre la perfección de estas imágenes y el contexto de decadencia industrial de las salas de Tabacalera; un binomio realmente interesante y estimulante que añade mucho valor a la exposición. Mirando las imágenes de Ballester en aquel contesto se percibe como que el espectador viene transportado en universos diferentes en los cuales no se sabe distinguir realidad y ficción, quedando resuelto esta duda solo cuando se sale de la exposición y uno se da cuenta simplemente que lo visto era la realidad de una visión. He encontrado mucho paralelismo entre la fotografía de Ballester y la de Basilico porque en ambos casos se muestran espacios vacíos pero llenos de la esencia humana y de sus rastros. Una mención aparte en mi opinión hay que hacer sobre los trabajos que derivan de Espacios Ocultos donde el autor “juega” con la pintura y gracias a Photoshop (que Ballester considera “un amplio tratado de pintura”) transformas en “lugares para….”: una anunciación, una última cena, una primavera, las meninas. A mí me parece un proceso que parte de la presencia humana, que automáticamente genera en el espectador el pensamiento de una historia, y acaba retrocediendo al espacio en el cual se percibe la misma presencia pero en el cual nuestros pensamientos son libres de poner sus propias historias….algo como leer desde el final hacia el comienzo el libro Océano Mare de Baricco. En la galería de imágenes propongo algunas hechas con una compacta durante mi visita a la exposición y que quitan a las fotografías de Ballester toda la perfección para casi camuflarlas en el contexto de las salas de Tabacalera.

La semana que viene el post será dedicado a una escuela de fotografía recién nacida en Bilbao y al taller sobre flash de Vicente Paredes…