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Portada Irene Kung Capri

Hace aproximadamente dos años, durante una estancia de trabajo en Milano, me crucé por casualidad con una exposición organizada por el Centro Internazionale di fotografia FORMA y dedicada a Irene Kung, una artista Suiza que en aquel entonces estaba afincada en Italia. Se trataba de unas fotografías de monumentos y edificios de todo el mundo muy emblemáticos, aquellos, delante de los cuales se ponen los turistas para sacarse la típica foto recuerdo, creando un escenario apropiado para fotos a la Martin Parr. La característica que hacía especiales estas imágenes y que me conquistó para siempre, era que dichos emblemas turísticos estaban circundados por un silencio negro, roto exclusivamente por pinceladas de luz magistralmente trazadas, que aislaban el sujeto, ofreciéndole una nueva dimensión temporal, espacial y emocional. A partir de allí, empecé a profundizar en la vida y en la fotografía de Irene Kung y descubrí que su carrera artística empezó como pintora pero que encontró en la fotografía el mejor medio para encauzar su carácter extrovertido; descubrí que, además de la arquitectura, aplicaba la misma técnica y el mismo enfoque emocional también para fotografiar árboles, animales, olas.

Trittico Irene Kung Wave Horse Tree

Este año volví a hablar de ella y de su fotografía con Chiara Mariani Nilla, periodista y photo-editor del Corriere Della Sera, porque mi búsqueda del silencio en la fotografía, le recordó al silencio en el cual Irene Kung sumerge a los sujetos de sus fotografías. En el artículo que Chiara Mariani escribió en Sette, se encuentra una consideración muy acertada: “Irene Kung nos lleva a ver lo que normalmente miramos con distracción y a romper el hábito de la mirada”; además Chiara me contaba que Irene Kung, antes de empezar a disparar, aproxima el sujeto a través de un proceso en el cual se aísla del contexto ruidoso que normalmente caracteriza los lugares que fotógrafa para encontrar la apropiada conexión con su interior y empieza a hacer las fotos, solo cuando haya la justa luz  (prefiere hacer las fotos alrededor de la salida o de la puesta del sol) y sobre todo cuando percibe que haya encontrado una línea emocional directa con el sujeto. Esto es un proceso que muchos de nosotros conocemos, un proceso silencioso que busca la esencia. Irene Kung alcanza visualizar toda esta emoción vivida en el momento del disparo, a través de su intervención en post-producción en el cual usa la sombra y la oscuridad para exaltar la luz y las formas que ella quiere, en función de lo que ha emocionalmente vivido durante la toma de la fotografía y como muy bien dice Chiara Mariani en su artículo: “exaltando el valor semántico de los edificios”.

Monumenti Irene Kung Milano Instambul Roma

En definitiva, mirando las imágenes de Irene Kung nos damos cuenta que la obscuridad y el silencio son condiciones indispensables para apreciar la belleza de la luz. Aunque la fotografía sea la escritura de la luz, es la obscuridad la que proporciona profundidad, sobriedad y densidad a lo que vemos. Si queréis profundizar en estos conceptos, aconsejo un pequeño y maravilloso libro de Junichiro Tanizaki: “El elogio de la sombra”.

Irene Kung Milano GrattacieloLa semana que viene el post será sobre un evento social al cual participé en Madrid y sobre un libro…