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En Madrid, la semana del 23 de Febrero al 1 de Marzo estuvo dedicada al arte visual; se concentraron en aquellos días, cuatro eventos alrededor del arte contemporáneo: ARCO, ART MADRID, JUST MAD y FLECHA. Durante unos días de aquella semana, estuve en Madrid por razones de trabajo; considerando el escaso tiempo libre a disposición, tenía un problema serio para elegir uno o como máximo dos de estos eventos. Para complicar todavía más mi elección, mientras valoraba pros y contras de las posibles combinaciones, me enteraba de otras exposiciones fotográficas disponibles en la ciudad. Como muy a menudo pasa cuando estamos agobiados, la solución no puede encontrarse en el equilibrio, si no más bien en la ruptura; así que decidí prescindir de cualquier evento donde el dinero parece ser el criterio principal para juzgar el valor artístico, para primar el criterio del disfrute íntimo y personal del arte fotográfica.

Siguiendo este instinto, me acerqué al Conde Duque donde Ouka Leele expone su Asturias emocional: “A donde la luz me lleve” (hasta el 19 de Abril).

Mirando aquellas imágenes, se entiende perfectamente que este trabajo comisionado por la Fundación Masaveu ha abierto a Ouka Leele las puertas de un mundo inesperado, en el cual la luz “perfecta pero huidiza” obliga a no esperar, y a aprovechar el momento fugaz, transformando a la fotógrafa en un “nómada perseguidor de la luz”. El conjunto de imágenes son el testigo de diferentes instantes de vida cotidiana o de paisajes que, si no hubieran sido vividos (y atrapados en una foto) en aquel preciso momento, nunca hubieran vuelto o lo habrían hecho bajo otras apariencias y por lo tanto no habrían sido nunca iguales. La importancia de vivir cada momento casi como fuera un milagro…

La segunda exposición que elegí de ir a ver, fue El ruido y la furia” de Pablo Genovés que está en la torre del agua del Canal Isabel II (hasta el 22 de Marzo). Este lugar es de por sí una maravilla porque es circular y por lo tanto envolvente, casi totalmente obscuro y se desarrolla en vertical (son tres pisos más la azotea), por lo tanto las piezas que se exponen, dependiendo de donde se miran, parecen flotar (vista desde arriba) o caer encima del visitante (vista desde abajo).

Títulos cuales: atracción del abismo, cronología del ruido, juicio final, ofrecen una interpretación muy clara de las imágenes, que tienen una doble lectura: la primera emotiva, debido a las escenas de destrucción y de catástrofe en lugares cerrados de gran impacto; estas escenas, instauran la duda en el visitante, columpiándolo entre la ficción del imposible y la simulación de lo verdadero; la segunda lectura es metafórica: los edificios de las fotos de Genovés son todos en Europa; su lujo es la evidencia de la grandeza vivida…en ellas irrumpe la catástrofe que destruye, modifica y proyecta una realidad post-crisis que muchos temen y que no quieren todavía admitir.

Aprovechando el paso por el Conde Duque, no podía faltar en pasarme por mi galería madrileña preferida: Blanca Berlín; allí me encontré con una exposición muy refinada pero no fotográfica de Pep Carrió (hasta el 11 de Abril); una exposición marcada por la sencillez de las propuestas creativas que por eso mismo se quedan muy metidas en nuestras almas. Unas piezas que hablan de desechos y de recuperación y revelan su belleza escondida. Los dos ejemplos que incluyo a continuación, no permiten ni de asomo apreciar la belleza que se percibe delante de las piezas reales, sirven pero para dar una idea sobre la propuesta de Pep Carrió: una superba composición circular hechas por esqueletos de erizos de mar y otra rectangular hechas con trocitos de madera coloreada, encontradas en playas y encerradas en cajitas a su vez de madera.

La semana que viene el post hablará de bodas…”robadas”…