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“El fotógrafo del hombre”, así Sebastião Salgado define a Gianni Berengo Gardin que, con sus 86 años, es seguramente uno de los fotógrafos más representativos de nuestra época. El mundo capturado en las fotografías de Berengo Gardin es nuestro mundo: nos reflejamos, empatizamos con las personas que Gianni retracta, nos generan una sutil sensación de memoria y de nostalgia y al mismo tiempo son un documento muy preciso de lo que ha ocurrido (sobre todo, pero no solo) en Italia desde el 1954 (cuando empezó a hacer fotografías) hasta nuestros días. Hasta el 28 de Agosto, en el Palazzo delle Esposizioni in Roma, hay la exposición “Vera Fotografía” que narra visualmente los momentos fundamentales de la fotografía de este Maestro a través de unas 250 fotografías extraídas de sus principals trabajos. En mi opinión, un aspecto especialmente estimulante de esta exposición es que hay 24 imágenes de Berengo Gardin comentadas por “excelentes testigos” (colegas, artistas, arquitectos, comisarios de exposiciones, directores de cine, etc.) que facilitan nuestro pensamiento alrededor del valor estético-social que Berengo Gardin ha dejado como testigo a través de su legado visual.

“Si tengo que contar una historia”, dice Gianni Berengo Gardin, “intento siempre empezar desde el exterior: mostrar donde está y como está hecho un país, para luego entrar en sus vías, en sus tiendas y en las casas para hacer fotos a los objetos; esto es un bonito recorrido para conocer el hombre”. Este enfoque revela una delicadeza refinada de la mirada, un ánimo lleno de humanidad y poesía y la profundidad del intento; no se trata de “robar” la exterioridad, amplificando las reacciones superficiales e impactantes a primera vista; se trata de retraer la vida por la que es: momentos mágicos (que solo una mirada atenta y sensible sabe ver) embebidos en una normalidad que se hace testigo de la cotidianeidad. Berengo Gardin proyecta en la gente que retrae, su propia esperanza, su amor por los seres humanos y su capacidad de asombrarse cuando los destellos de belleza (buscados o esperados) iluminan de repente un momento aparentemente normal…y allí está el “click” del Maestro. Una mirada potente pero nunca agresiva.

Me gustaría mencionar entre todas las imágenes que están expuestas en el Palazzo delle Esposizioni, la última serie que Gianni Berengo Gardin ha dedicado a “Venezia e le Grandi Navi” un testigo horrible de la arrogancia con la cual el turismo de masa profana la belleza de las cosas, con la única perspectiva de generar una riqueza efímera para pocos, un daño irreparable al equilibrio de la vida y una violación de nuestro derecho a la dignidad. Como afirma Lea Vergine (crítica de arte), en estas imágenes está presente “una fría seducción que habla de muerte”.

Gianni Berengo Gardin trabajó por muchos años para Olivetti en la época dorada de Adriano Olivetti; considerando que yo también fui empleado Olivetti, aunque unos cuantos años más tarde, para cerrar este post, me gusta incluir algunas de las imágenes que Berengo Gardin hizo en Ivrea, sede de “La Fabbrica Olivetti” y de las personas que contribuyeron a hacerla un ejemplo mundial de sostenibilidad entre vida laboral y personal.

Ivrea-Olivetti