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R166 Baltz Garage Door IP10 001

Cuando visité la exposición-retrospectiva de este “monstruo sagrado” de la historia de la fotografía (Fundación Mapfre, Sala Barbara de Braganza, Madrid. Hasta el 4 de Junio) salí algo decepcionado y hasta deprimido. Para mí, el arte (y por lo tanto la fotografía también) tiene que hacer pensar, denunciar, emocionar y mil cosas más pero, debido a que el arte penetra a través de nuestros sentidos, tiene necesariamente que tener una fuerte componente estética y de armonía; algo como un himno a la “belleza” (en el caso de la fotografía, de tipo visual). Las imágenes de Lewis Baltz no tienen seguramente esta característica. Tampoco ayuda en este intento perceptivo, la “frialdad” con la cual el comisario de la exposición (Urs Stahel) ha querido estructurarla: por bloques cronológicos, cada uno de los cuales, demasiado descriptivo y con muy poco espacio para la interpretación; para rematar la cosa, mi conocimiento preliminar sobre este autor era realmente muy pobre. Todos estos factores, hicieron que mi sensación a la salida de la exposición no fue ciertamente positiva.

Pero, vista la envergadura del artista en cuestión, no me podía conformar con esto y entonces recurrí a Anna Mola, una persona muy competente en historia de la fotografía y que me está ayudando a poner orden en mi producción fotográfica. Le pedí de hablarme de Lewis Baltz; ella entonces me propuso un módulo de su curso de historia de la fotografía, que me proporcionó las claves para entender y profundizar en el mensaje encerrado en la fotografía de Baltz. Despojar la realidad de todo lo que se considera “bonito”, ha sido un ejercicio de coherencia durante toda la vida de este autor, que ha querido fotografiar la ausencia. ¡Es verdad! en las imágenes de Baltz, se extraña siempre algo; pero no es solo un extrañar algo físico, como por ejemplo el cielo que nunca aparece o si lo hace es un magma lácteo sin significado; si no, que es extrañar algo que tiene a que ver con nuestra origen animal, con nuestro instinto de supervivencia. En las imágenes de Lewis Baltz no existe un escape, una salida, una posibilidad de salvación; se necesita huir de allí, aunque sea simplemente con la mirada, pero no se puede. Esto genera ansiedad, malestar, nos incómoda. Esta es la calve con la cual este autor quiere remover nuestras emociones y para ello ha elegido la no-estética. Todo esto es seguramente interesante, muy interesante pero…

Lewis Baltz pertenece a la generación de fotógrafos agrupados en la exposición New Topographics que puso en duda el concepto del paisaje estéticamente bello; en este grupo hubo mucha “variabilidad” en la materialización de este concepto común y Baltz seguramente fue uno de lo más intransigentes en mostrarnos esta no-estética. En este mismo grupo, estaba por ejemplo también Stephen Shore y sus imágenes, aunque tienen como sujeto la misma, desafortunada intervención del hombre en el paisaje, son estéticamente atractivas, son un “himno” a la belleza que se encuentra en la fealdad. Una cuestión de perspectiva, de interpretación, de saturación, de composición, de postproducción, lo que sea, pero extremadamente importante para que sus imágenes sean estéticamente y armónicamente bellas. Resultado que personalmente comparto y que está más alineada con mi ser.

Gracias Lewis Baltz y Anna Mola por haberme provocado este torbellino de consideraciones, que seguramente añadirán un granito de sabiduría en mi bagaje como fotógrafo y también como persona.

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