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La sensibilidad es sin lugar a duda una calidad esencial para que una imagen trasmita algo; más allá de la apariencia y para que genere en el observador la curiosidad (o la necesidad) de saber más, de conocer la historia que está detrás de aquella imagen. Anders Petersen en la serie Café Lehmitz (PHE17-Madrid, Sección Carta Blanca curada por Alberto García-Alix en CentroCentro Cibeles hasta el 17 de Septiembre) alcanza totalmente este objetivo, dejándonos entrar en un mundo en el cual la sociedad no suele o no quiere mirar, presentándonos sus protagonistas desde una perspectiva de humana complicidad, autenticidad y cercanía.

El fotógrafo sueco descubrió casualmente el Café Lehmitz que estaba situado en el barrio rojo de Hamburgo y por 3 años frecuentó este café que era un punto de encuentro de los que normalmente se etiqueta como “personas marginales”, con el objetivo de retratar la dignidad de estas personas que allí encontraban chispas de despreocupación, complicidad, alegría, amor. El fotógrafo llegó a ser uno de ellos y esta cercanía a las “guerras personales” de los clientes del Café Lehmitz, le ha permitido sacar unas imágenes que nos hacen sentir parte de aquel entorno; que nos hacen empatizar con aquellas historias; que nos juzgan y nos hacen reflexionar sobre la hipocresía con la cual solemos apartar nuestra mirada sobre “los diferentes” para convencernos que no son parte de la misma sociedad a la cual nosotros pertenecemos.

Como dice Alberto García-Alix, “Petersen nos hipnotiza, se adueña del aire”. Pero, además de la belleza de cada una de las imágenes que forman la exposición, el diseño de la instalación de la misma (comisariada por Nicolás Combarro) ayuda todavía más a sumergirse en el lugar hasta hacernos sentir como un cliente más del Café Lehmitz. El aspecto casual y curioso, que ha sido determinante para que tuviera una valoración tan alta de esta exposición, es que, sin saberlo, entré por lo que el comisario había diseñado ser como el final de la exposición: una sala cuyas paredes estaban totalmente “empapeladas” con la impresión de las tiras de negativos hechas por Anders Petersen, incluidas las anotaciones que el mismo hacía durante el proceso de visionado y selección. Verse y sentirse envueltos por tantas imágenes, cada una llena de tanta expresividad, complicidad, soledad, alegría fugaz, fracaso, me hizo empatizar con cada uno de los clientes del bar, con sus historias, sus “guerras”, sus necesidades de ser comprendidos y amados, aunque sea por solo algunos minutos. Una sensación fuertísima, asombrosa, demoledora; un torbellino de emociones que muy pocas veces he probado mirando una exposición de fotografía.

Un bellísimo audiovisual en una de las salas en las que se divide la exposición, permite profundizar y entender todavía mejor lo que era el mundo del Café Lehmitz y las historias de sus clientes, tanto que luego, volviendo a mirar las imágenes colgadas en las salas, las emociones probadas inicialmente, se multiplicaban todavía más y queda muy claro como el fotógrafo ha sabido encerrar en sus imágenes la cercanía y la complicidad con las cuales su sensibilidad vivía y se impregnaba de las historias que pasaban en el Café Lehmitz.

¡ I M P E R D I B L E !

 

 

En el mismo CentroCentro Cibeles, está también otra exposición que merece la pena de ser vista y disfrutada con mucha atención; se trata de Pistas de Bailes de Teresa Margolles que trata el tema de la prostitución en Ciudad Juárez de una manera realmente original pero al mismo tiempo cruda y realista.

 

 

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