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Hemos llegado a un punto en el cual consideramos la experiencia visual como imprescindible para nuestra experiencia cognitiva. La consecuencia más evidente de esta invasión es que estamos saturados y las imágenes están perdiendo efectividad. Además, en la mayoría de los casos, estas imágenes quieren guiar nuestro pensamiento hacia una interpretación específica. Si esto no lo consiguen con lo visible, habrá seguramente a lado de cada una de estas imágenes, alguna larga explicación “conceptual” que nos… “hace entender” como tenemos que interpretarlas.

Cuando entré en el mundo visual de Bill Viola en el Guggenheim de Bilbao (hasta el 9 de Noviembre), todo lo anterior desapareció. El mundo de Bill Viola es absolutamente sensorial; no se necesita de ninguna explicación y de ninguna palabra, para dar espacio a una experiencia cognitiva perceptiva, emocional y sensorial. Re-tomando unas palabras del mismo autor: “desde lo que yo soy y de lo que yo siento, transformo mi ser en unas imágenes que a vez son capaces de penetrar y romper culturas, mundos personales, historias, vidas y generan más emociones que se transforman en tesoro personal y nos hacen pensar y nos enriquecen”.

He prometido a mí mismo de volver a ver la imperdible retrospectiva en el Guggenheim, comisariada por Lucia Agirre e instaladas en ocho salas del Museo, cuando la horda turística haya bajado de intensidad, para poder disfrutar con mayor plenitud de las obras de videoarte allí instaladas y amplificar las emociones que se generan. Las espectaculares obras de Bill Viola tocan a veces la esencia del sentido de la vida terrenal, exploran conceptos como la muerte o el renacimiento humano después de haber tocado el infierno; por esta razón, sus obras generan en el espectador respuestas profundas y a veces, totalmente inesperadas. En el Guggenheim, se pueden admirar obras cuales: “The dreamers”, “Fire Woman”, “Tristan’s Ascencion”, “Inverted birth”; “The Encounter”, “The Veiling”.

Esta última, aunque no sea tan espectacular como otras, me ha parecido muy íntima y poética y por esto la señalo con especial hincapié. Se trata de una instalación de unas veinte capas de tela translucida, sobre los cuales se proyectan desde los dos extremos, imágenes de un hombre y una mujer acercándose y alejándose de la cámara en varios paisajes nocturnos. Las telas difuminan la luz, de manera que las imágenes son pura presencia en la tela central. Las diferentes capas, hacen que las imágenes asuman una forma tridimensional, que van moviéndose en el espacio oscuro de la sala, permitiendo meditar sobre como una misma realidad pueda ser percibida desde diferentes ángulos y perspectivas. Desde el punto de vista sensorial, la obra genera misterio y descubrimiento, a medida que las imágenes toman forma en las diferentes capas de las telas, para finalmente revelarnos lo que estamos viendo.

Dentro de la exposición en el Guggenheim, hay también un interesantísimo documental de Isabel María, “Tiempos de Tránsito”, en el cual Bill Viola revela su proceso creativo que empieza con el recopilar en un cuaderno que llama “Diario”, cualquier cosa que llama su atención: fragmentos de lecturas, recortes de periódicos/revistas, experiencias personales, ideas. El “Libro de Proyecto” es el cuaderno en el cual toma cuerpo un proyecto específico desde su conceptualización hasta su descripción en los detalles. El “Libro de Producción” es el cuaderno en el cual Bill Viola desarrolla la implementación técnico-práctica del proyecto, llegando a especificar todos los elementos necesarios para luego producir la obra visual: localización, decorado, iluminación, actores, etc…

Una experiencia que me ha “cogido totalmente desprevenido” por la fuerza emocional y sensorial que se vive, presenciando el videoarte de Bill Viola. Sugiero abrazar la fuerza creativa de Bill Viola y entrar en su mundo con: una predisposición mental abierta, la posibilidad de olvidarse del tiempo y un total abandono sensorial. Si se cumplen estas tres premisas, se podrá vivir cognitivamente y sensorialmente algo realmente único; una ascensión a algo que va más allá de lo terrenal.

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