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Se habla muchas veces de la “milla de oro” pero ¿Qué os parecería si en lugar de una, fueran dos y media las millas de fotografía que se pueden disfrutar este Octubre en Madrid? Es una oportunidad única para ver grandes maestros de la fotografía entre los cuales 12 premios nacionales de fotografía en tan pocos kilómetros. Se trata de cinco exposiciones en cinco espacios expositivos de grande atractivo, que reconciliarían hasta la persona más insensible, con la belleza y el acto creativo. De estas cinco exposiciones, dos (Terré en el Canal Isabel II y Chema Madoz en la galería Elvira González) cierran a principio de Noviembre, las otras tres, se podrán visitar hasta el principio del año nuevo.

No vivo en Madrid, pero allí voy a menudo por trabajo; esta vez he pensado en un plan de visitas que combina la trascendencia del arte (entendida como la capacidad que tiene el arte de hacernos pasar de un ámbito a otro, atravesando el límite que los separa), con la concreción de la comida. ¡De esta manera he querido enriquecer el placer visual con un placer algo más…visceral!

Ricardo Terré (Canal Isabel II) – la fotografía que se encuentra en el siempre impactante escenario de la torre del agua del Canal Isabel II es una fotografía directa, sensible, de gestos, de saber mirar, de saber encontrar en la normalidad la chispa de la belleza que atrapa porque nos permite identificarnos en lo que vemos. Es lo que hoy en día se identifica como fotografía documental intimista, en la cual “la lucha diaria” no se ve, pero es latente en los instantes inmortalizados, en los cuales siempre hay un detalle (el famoso “punctum” de Barthes) que nos permite conectar con el momento retratado. A esta exposición asocié el restaurante “El ingrediente que ofrece una comida delicada, pero con carácter que se puede degustar también en forma de medias raciones. Una comida que mucho definirían de fusión pero que en mi opinión es mejor no encasillar porque lo que se encuentra allí son platos que exaltan las mezclas de sabores y que el solo paladar puede definir; platos en apariencia de “toda la vida”, que encierran siempre algún ingrediente inesperado que les da el toque de unicidad.

Chema Madoz (Galería Elvira González) – Una puesta en escena diáfana en un espacio diáfano es, en mi opinión, el gran acierto de esta exposición porque así se exaltan las fotografías del artista que necesitan de espacio mental para ser interpretadas por cada visitante, más allá del primer impacto que suele pintar una sonrisa entre ironía, sorpresa y fascinación para la genialidad juguetona del autor. El mundo de Chema Madoz es el mundo del improbable que no llega ser imposible, usando objetos tan comunes que nadie pensaría que pudieran tener otra vida en un mundo paralelo. En este sentido, considero que exista un paralelismo conceptual entre Chema Madoz y Escher. A esta exposición asocié el restaurante “Mama Campo que ofrece una comida ecológica en la espléndida plaza Olavide, con mesas tanto en el interior, como en el exterior. “Higos, sardina ahumada y crema de idiázabal”, el “poke de atún y ají amarillo”, o los “mezzi paccheri con ragout de rabo de ternera” son un ejemplo de una combinación de platos inolvidables.

Humberto Rivas (Fundación Mapfre-Sala Barbara de Barganza) – desconocía por completo este autor, pero su obra me ha impactado tan fuertemente que me ha generado la necesidad de profundizar en su legado. Sus paisajes urbanos sin personas retratan esquinas de calles o edificios abandonados aparentemente sin interés, que su mirada transforma en lugares llenos de misteriosa belleza y desconcertante seducción. A mí me han especialmente fascinado los paisajes a colores que el retrataba usando tiempos largos de exposición e imprimiendo las fotos en Cibachrome (papel fotográfico ad elevado contraste), obteniendo al contrario, unos sorprendentes colores muy tenues y poco contrastados, tanto que la impresión que se tiene es como si alguien hubiera pintado las calles para luego dejar desteñir el color con el paso del tiempo. En las antípodas de lo que acabo de describir están sus retratos completamente aislados del contexto vital de los modelos, para los cuales usaba una luz muy dura y directa. Para mí son sublimes los retratos a los muñecos abandonados y encontrados en algún rincón callejero. A esta exposición asocié el restaurante indio “Tandoori Station en el cual se pueden degustar unos curries realmente especiales y unos tandoori muy logrados, siempre acompañados por una gran variedad de diferentes panes y/o arroces. Una mención a parte merecen dos complementos: el Raita (yogur con tomate, pepino y cebolla) y sobre todo el Achar (salsa de mango verde, guindillas, lima)

12 Fotografos en el museo del Prado (Edificio Villanueva, galería baja norte) – doce premios nacionales de fotografía han sido invitados (para conmemorar el bicentenario de la institución) a proporcionar su particular visión del museo o de sus obras y ofrecernos, a través de sus miradas, nuevas perspectiva y nuevos estímulos para visitar este museo. Es muy llamativo que un museo como el Prado, haya elegido la fotografía como medio expresivo para conmemorar su bicentenario; algo realmente halagador para la Fotografía porque demuestra la potencia de su lenguaje comunicativo, a pesar de la banalización a la cual está sometida, por la inundación visual a la cual estamos sometidos diariamente. Esta misma razón quizás explica el porque el Prado ha decidido hacer pagar el billete completo del Museo (15€) para poder disfrutar de estas obras fotografías; en mi opinión, esta elección limitará y mucho la difusión de esta iniciativa, más allá de las personas que ya iban a visitar el museo. Bueno, quizás alguien (como yo) se anima a volver al Prado porque haya esta exposición, pero me parece que esta no va a ser la elección de muchos (existe siempre la posibilidad, “chupándose” largas colas, de entrar gratis casi todos los días en las dos últimas horas de abertura del museo). De las obras expuestas, destacaría los delicadísimos y a la vez impactantes bodegones de Pilar Pequeño, mi maestra y sobre todo maestra de la luz natural; las múltiples exposiciones de partes de un mismo cuadro que Alberto García-Alix reconstruye en una única imagen que contiene una gran fuerza magnética y de dolor; las perspectivas enmarcadas por puertas entreabiertas de cuadros de condotieros que parecen invitarnos a entrar en su época y en su historia de Bleda y Rosa; los paisajes collages de Javier Vallhonrat sobre suelos de bosques que el fotografió y habitados por elementos naturales extraídos de cuadros presentes en el Prado; los espacios vacíos, contenedores de ausencia de Aitor Ortiz. A esta exposición asocié el restaurante Chuka que, en un entorno informal pero acogedor, ofrece ramen, gyozas y varios tipos de dim sum, riquísimos ejemplos de la mezcla entre la cocina china y japonesa. Para mí, ¡IMPERDIBLE!

Luigi Ghirri (Museo Reina Sofía) – se trata de una retrospectiva muy amplia sobre la obra de este fundamental fotógrafo italiano. Todavía no he tenido la oportunidad de visitarla, por lo tanto no proporciono ninguna opinión, limitándome a señalar la exposición como una oportunidad que no se puede desperdiciar. Tenemos tiempo hasta el 7 de Enero. Aquí también hay que pagar el ingreso al museo (10€) pero se puede aprovechar para disfrutar también de la exposición siempre fotográfica sobre el grupo Afal y sobra Dorothea Tanning. Cuando iré al museo para ver esta exposición, seguramente aprovecharé para volver a la Taqueria del Alamillo, un mexicano de gusto y con carácter, que dispone de una pequeña terraza en unos de los rincones de Madrid que más me gustan.