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Un museo de historia natural único, en un rincón de la Toscana

Certosa di Calci – Museo di Storia Naturale

No hay cosa más satisfactoria para mí que encontrar fragmentos de unicidad en los sitios fuera de los recorridos habituales del turismo grupal organizado. Hice la universidad en la ciudad de Pisa y, en el verano del año pasado, organicé una quedada con los amigos de entonces. Cogí alojamiento en un bonito agroturismo en Calci, un pueblo no muy lejos de Pisa. Calci, además de ser el pueblo donde vive mi amigo Daniele, con el cual hice la tesis final del curso universitario, es conocido por tener una preciosa Certosa. En este edificio histórico tiene sede una joya absoluta y escondida: la Universidad de Pisa es dueña y gestiona uno de los museos de historia natural más antiguos del mundo. Este museo contiene una de las colecciones mejor cuidada y de mayor variedad de especies, de animales embalsamados del mundo. Consta de una galería dedicada a los mamíferos que muestra más de 300 ejemplares; otra dedicada a los anfibios y a los reptiles; otra, dedicada a los cetáceos. Una verdadera arca de Noé petrificada que, considerando el nombre del pueblo en la cual se encuentra, Calci, he querido definir “Calcificada”.

Estar allí en medio de cientos de animales que parecen vivos, aunque estén inmobles, conlleva la sensación de ser transportado en el tiempo, hasta la época de los grandes naturalistas-científicos-exploradores de antaño que han sentado la base de importantes teorías, como ha podido ser Darwin o de métodos para dar una taxonomía de los seres vivos, como ha podido ser Linneo. El revelado de mis imágenes ha querido reflejar esta sensación que vivía cuando visitaba las salas de este museo. Me gusta pensar que el resultado obtenido se parezca a una serie de imágenes que podrían perfectamente haberse encontrado en un cajón de un archivador del museo de historia natural de la Universidad de Pisa que fue casualmente encontrado por el entonces director Ezio Tongiorgi cuando, a finales de los años setenta, trasladó las piezas guardadas en tres sitios diferentes de Pisa, reuniéndolos en la Certosa de Calci. Un estudio del material encontrado atribuyó las imágenes a un fotógrafo anónimo que había sido encargado de retratar las especies que pertenecían a la colección de entonces, a finales del ‘800, comienzos ‘900, por los entonces directores del museo: Paolo Savi y luego Sebastiano Richiardi. Os invito a entrar en este maravilloso mundo…