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Hace dos semanas anuncié en este blog “Absolute Sea”, mi modo silencioso de disfrutar del verano, del sol y del mar; los dos últimos viernes, ya publiqué las primeras dos fotos de la serie. Como a menudo ocurre cuando alguien pone su atención en algo, de repente aparecen miles de cosas similares a tu alrededor. Así ha ocurrido con ¡Absolute Sea! Cuando había pensado de publicar las imágenes de esta serie en mi blog, llega a mi casa el boletín mensual del museo Guggenheim de Bilbao, anunciando la exposición “Marinas” de Gerard Richter. Cuando vi sus pinturas en el boletín del museo, me di cuenta de que, de alguna manera y con total inconsciencia, compartía con él algún disparador emocional, alguna visión, quizás alguna idea. Decidí por lo tanto visitar la exposición de Richter para intentar captar algo más sobre esta sorprendente coincidencia y este artículo es el resumen de lo que vi y de lo que me he llevado después de haber visto sus “marinas” y de haberlas relacionadas con las premisas que me han llevado a realizar las imágenes de Absolute Sea. Antes de todo diré para quien tenga la oportunidad de ir, que la exposición en el Guggenheim de Bilbao finalizará el 9 de septiembre. Richter pintó 22 marinas en total, la primera en el 1968 y la última en el 1998. A pesar de llamarse “marinas”, en la mayoría de los cuadros expuestos en el Guggenheim, ¡el cielo ocupa más de la mitad de cuadro! En sus marinas, los horizontes parecen infinitos, a veces el mar y el cielo se fusionan, tanto que se podría hasta dar la vuelta al cuadro y la imagen seguiría teniendo sentido. Un sentido de nostalgia se apoderó de mí, mientras daba vueltas en la sala que les acoge; me preguntaba: ¿nostalgia de qué? No sabría darme todavía hoy una respuesta totalmente satisfactoria. Quizás nostalgia de una Naturaleza sublimada que es al alcance solo de quien mira más allá de la apariencia; nostalgia del ser humano respetuoso de la Naturaleza, porque es consciente de su insignificancia; nostalgia de las referencias espaciales que en las pinturas de Richter se pierden y que nos dejan desamparados. En sus cuadros hay quizás solo tres colores: los azules, los grises y los negros, pero con infinitas variedades de tonos; tanto los colores, como la luz no sirven a guiar nuestras miradas, porque esta plana sobre el cuadro de una manera uniforme y solo cuando nuestra atención se fija en un particular, entonces el color y la luz parecen que se juntan para ayudarte a tener una lectura. Se respira una calma absoluta en sus marinas y en la sala que las contiene. Richter empleabas a menudo la fotografía para retratar sus marinas y se puede intuir que su intención ha sido la de crear una sensación de ambigüedad en el espectador que las miras, que continuamente se pregunta si son fotos o pintura, aunque sabe perfectamente que son pinturas.

El próximo viernes, la tercera cita con mis imágenes de la serie “Absolute Sea”, ¡Prepárate!