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Hasta el 26 de Enero en Tabacalera Madrid, se puede ver una exposición que me parece un grito de libertad. Se trata de FLORES del director de cine Pedro Almodovar e del pintor Jorge Galindo.

Flores es el resultado de un trabajo conjunto de los dos artistas que ha tenido como punto de partida las fotografías de bodegones de jarrones y flores que Pedro Almodovar lleva haciendo desde hace tres años.

En los videos que se pueden ver en la exposición, se puede apreciar la manera de trabajar conjunta de los dos artistas usando la pintura y los colores como medio para re-interpretar las fotografías originales y crear nuevos significados. A veces se ha tratado de diálogos entre los dos, otras veces de monólogos simultáneos que han provocado “fuegos artificiales” de colores en las gigantografías de las fotografías de Pedro Almodovar que estaba tiradas en el suelo o colgadas en las paredes del estudio de Galindo.

Lo que obtuvieron, son unas piezas de muy grandes dimensiones que, al verlas, me han trasmitido una fuerte sensación de libertad, de energía, de pasión, de danza creativa, de acción y que me empujó a hacer unas fotos de lo que estaba viviendo, usando la única cámara que tenía a mi disposición en aquel momento: mi móvil. Además, yo he siempre querido (sin poderlo realizar hasta al momento) que mis fotos fueran la base para que un pintor o un artista gráfico las interpretara, añadiendo y modificando mis imágenes. Por todo esto, en aquel momento me sentí muy compenetrado con la acción artística de Almodovar y Galindo y no pude resistirme en hacer fotos para añadir una interpretación más a los cuadros de los dos artistas y de como estos en mi opinión dialogaban con la arquitectura de las salas.

El resultado es un dialogo visual entre colores, energía, vida por un lado (las obras de Almodovar/Galindo) y abandono, tristeza y muerte por el otro (las salas “pseudo-abandonadas” de Tabacalera). Ambas dimensiones se refuerzan mutuamente en este juego de contrastes: los vivaces cuadros de Almodovar/Galindo adquieren por contraste todavía más fuerza vital y las salas de Tabacalera con sus arrugas, heridas, tuberías, adquieren una belleza arqueológico-futurista, casi épica.