Il Venerdí di Photosatriani N. 89

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Arbóreo N. 28

Me he dado cuenta solo hoy que, el día que dejé de publicar Árboles para arrancar la serie Summertime Blues, la cuenta de Arbóreo estaba al N.22 y cuando volvía a arrancarla, re-empecé con Arbóreo 77. Hoy he decidido corregir este error, así que el árbol de esta semana es el N.28

Bodegones: la apariencia real de las cosas

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A veces los elementos se conjuran para crear oportunidades inesperadas… esto ocurrió a finales de Diciembre cuando estaba en Madrid por trabajo. El cliente al cual tenía que proporcionar la consultoría, no disponía del tiempo para atenderme, otro no me había proporcionado los datos que habría tenido que procesar y de repente, me encontré en Madrid con 8 horas de tiempo para mi! Menos mal que llevo siempre conmigo el cuaderno de notas “out-of-work”, en el cual apunto ideas, eventos artísticos, conferencias, cursos, talleres y cualquier cosa con algún interés para mí; así tomé la decisión de ir al Museo del Prado para ver la exposición de Clara Peeters (hasta el 19 de Febrero), una artista prácticamente desconocida que en el 1600 pintaba unos bodegones que para aquella época tenían que ser totalmente vanguardistas, por el realismo con el cual están pintados y por el hecho que el autor era una mujer. El comisario de la exposición, Alejandro Vergara, ha sabido encerrar en una sala pequeña del museo, un conjunto de piezas que en mi opinión son una joya para los sentidos. Digo para los sentidos porque, en las elegantes y enigmáticas pinturas de Clara Peeters, parece que se pueden juntar al mismo tiempo: el gusto, el olfato y la vista. Un detalle que me ha atraído en sus pinturas, además de la elegancia y del uso exquisito de la luz, fue el hecho que en sus cuadros solía incluir unos micro-autorretratos en los reflejos de la luz sobre algún objeto de cristal o de metal que componían sus bodegones.

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Qué o quién me llevó hasta Clara Peeters? Indirectamente “mi maestra” de bodegones: Pilar Pequeño; desde cuando hice el taller con ella, me quedé enamorado de este género, del proceso muy intimista que conlleva la creación de un bodegón, de la relación que se tiene con la luz, de la necesidad de “guiarla” para que haga lo que tú quieres que haga, de mascararla o amplificarla porque normalmente sobra cuando no se necesita y falta cuando se necesita.

En el piso inferior de la exposición de Clara Peeters, me encontré con Metapintura (hasta el 19 de Febrero) que los curadores han montado a partir sobre todo de obras de los fondos del Museo; esta exposición, nos hace reflexionar sobre el arte en el arte, sobre los límites de la pintura y sobre los intentos de la pintura de confundirse con la realidad para que el sujeto parezca vivo. En este sentido hay un claro enlace con el tema de los bodegones, porque el bodegón es en pintura el género que con más fuerza intenta crear esta ilusión, este artificio entre lo real y lo pintado.

Al salir de estas dos exposiciones, llamé a Pilar Pequeño para comentar lo que había vivido y ella me recomendó no perderme la exposición de Toni Catany…así que, para cerrar el círculo, fui a ver al Canal Isabel II la exposición retrospectiva de la obra de Toni Catany (hasta el 15 de Enero) en la cual, una vez más, los bodegones tienen un espacio y un peso muy importante.

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La característica que quiero destacar de los bodegones de Toni Catany es que él, en muchas ocasiones, creaba estas composiciones para volver a re-vivir recuerdos, sensaciones, emociones, olores de cuando viajaba por el mundo. De hecho, muchos de sus bodegones están creados a partir de objetos reunidos durante años, traídos de todas partes del mundo. En sus composiciones, el autor disfrutaba en volver a sentir lo cotidiano que había vivido en algún sitio, a crear vínculos entre objetos pertenecientes a mundos diferentes, a encontrar semejanzas entre imposibles; en todo este proceso, la luz juega un rol importantísimo para intentar transmitir lo que él sentía.

Raramente, ocho horas de libertad inesperada habían cundido tanto, como me ocurrió en esta ocasión en Madrid; sin lugar a duda, la escasa capacidad de planificación presente en muchas empresas, me genera mal rollo y rabia en la esfera profesional; si esto pero significa abrirme un mundo paralelo en el cual poder disfrutar de sensibilidades como las de Clara Peeters y Toni Catany, me tendré que plantear seriamente si es mejor enfocar mi consultoría al mantenimiento del estatus quo, en lugar que a la mejora; esto me permitiría disfrutar de mucho más tiempo para mi…!!!

 

La revolución del arte “marginal”

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Como vengo haciendo desde hace algún tiempo, este año también he querido compartir mi reflexión de “cierre de temporada” y de estreno de la nueva. El año que va acabándose ha sido para mí bastante nefasto desde el punto de vista de la creatividad, de la “producción artística” y de las oportunidades que he tenido para que mi obra vea la luz. He ido progresivamente asentándome en un bache de desconfianza de mis reales capacidades creativas que, sumándose al notable empeño tanto laboral como familiar, me ha relegado en un rincón de donde no es muy sencillo salir.

Sin embargo se dice que “el arte puede cambiar el mundo”. No estoy muy de acuerdo con esta afirmación, por lo menos, no lo puede hacer directamente pero quizás si por osmosis, porque el arte es sí capaz de cambiar la manera con la cual nosotros miramos y consecuentemente, la manera con la cual recordamos. El recuerdo crea ideas y las ideas normalmente crean acción; por lo tanto si educamos nuestra mirada a la belleza, nuestras actuaciones deberían ser dignas y esto por supuesto es un modo de cambiar el mundo.

Este concepto pero no puede restringirse solamente al “arte oficial”, aquella por la cual alguien se identifica como artista, haciendo lo que de acuerdo a un punto de vista compartido, se ha definido o se está definiendo como arte. El Arte tiene que ser libre, tiene que respirar.

Vivimos en un mundo plagado de discursos oficiales, ruedas de prensa sin la posibilidad de hacer preguntas, lugares comunes, prácticas institucionales; funcionamos con una sucesión de instantes que queremos que sean siempre de máxima intensidad. Muchísimos críticos de arte, curadores, coleccionistas y artistas están tan involucrados en este sistema, que se ha llegado a limitar la expresión artística a esquemas, a movimientos, a miles de “ismos” diferentes. Se llega a situaciones surrealistas en las cuales es necesario leer largas explicaciones conceptuales para poder entender una pieza artística, olvidando que lo primero en ellas es la emoción (he dicho emoción y no sensación) que llega a quien la observa desde la inspiración del artista.

Así que tenemos que pensar que en la categoría “arte” hay mucho más de lo que el “sistema” actual imagina o considera como tal; el arte se origina más allá del lenguaje y de la lengua. Por esta razón, cualquiera que con sensibilidad y guiado por su propia fuerza abrumadora interior, quiera proponer algo, tiene el derecho a hacerlo y a ser “escuchado”.

A ver si el 2017 nos mostrará los primeros signos de esta revolución del “arte marginal” y libre. Hay que ponerse en marcha y, antes de todo, pensar (porque solo si pensamos, conseguimos tener en mano las riendas de nuestra vida) y luego crear, hacer, crear, hacer; antes de todo por nuestra propia satisfacción y realización y posiblemente nunca pensando a los “likes” a los “retwits” a los “trending topics” y en hacerse “viral en la red”.

Buon Natale e Felice 2017 a todos los lectores frecuentes u ocasionales de Photosatriani y gracias por continuar a estar allí.