“El Bosco”: la imaginación al poder

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Nunca había tenido la oportunidad de admirar de cerca las pinturas de “El Bosco”, aunque era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo. La oportunidad de cumplir con este deseo se me ha dado gracias a la exposición del V centenario organizada en el Museo del Prado. Mi atracción hacia la obra del “El Bosco”, ha sido siempre fundamentada por dos pilares: el grande poder imaginativo del autor que alcanza crear en los observadores un proceso evocativo que tiene raíces en nuestros miedos, obsesiones, perversiones; el espíritu libertino del autor que en pleno Renacimiento se permitió sin tapujos y con mucho éxito, representar, en su mundo fantástico, dichos miedos, obsesiones y perversiones, siempre alrededor de temas sagrados y religiosos, mezclando así peligrosamente el sagrado con el profano. Todo esto lo consiguió, sin que fuera considerado un loco o un demonio, aunque sí algunos creían que se drogaba.

Sus cuadros son historias del subconsciente, plagadas de pequeños detalles y de seres extraños que están relacionados muy a menudo con “el pecado”. He además aprendido en la exposición que El Bosco usaba un muy peculiar tratamiento de la superficie que iba a pintar y que la versión final de cualquier obra suya era siempre objeto de importantes re-planteamientos que a veces llevaban a cambios significativos de la escena pintada (cosa que en la exposición es posible ver, gracias a las “radiografías” hechas de sus obras).

Los dos trípticos presentes en la exposición en El Prado, que más han capturado mi admiración han sido “Las tentaciones de San Antonio Abad” por la cantidad de seres monstruosos que la imaginación del autor pudo crear para representar el Mal y sin lugar a dudas el Jardín de las Delicias por las centenarias de posible alegorías que podrían encontrar, mirando con detenimiento los minutos particulares del cuadro. Este proceso muy complejo de hacer delante del tríptico original, debido a sus dimensiones y a la cantidad de gente en la sala que no facilita un análisis de los detalles, se puede realizar con facilidad y disponiendo algo de tiempo, gracias a la instalación multi-media Jardín Infinito, en una sala del piso superior del Museo.

Gracias a este instalación, los visitantes más profanos, puedes entrar dentro del tríptico, cómodamente sentados en el suelo de la sala. Es como mirar el cuadro en realidad aumentada, cambiando la dimensión de las cosas para poder así apreciar los detalles y a la vez, generando un juego mental en el espectador que intenta “colocar” estos detalles en el tríptico que se acaba de admirar en el piso inferior. Este “juego” es algo parecido a lo que solemos hacer cuando usamos “Google Map” cuando, identificado un punto concreto que queremos alcanzar, necesitamos luego posicionarlo en una escala más grande para no perder la perspectiva, para luego volver a nuestro destino en el mapa.

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Miroslav Tichý: una historia, muchas imágenes y la evocación

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Ritratto Tichý

La sensación de plenitud que la mayoría de las personas alcanza percibir cuando la Vida nos regala lo que yo llamo un “cruce mágico”, constituye para mi uno de los instantes que merecen ser perseguidos con abnegación y que recompensan de mucha “ordinariedad” (quiero decir, de muchas cosas ordinarias) que tenemos que tragar. Esto es lo que sentí cuando entré en el Museo del Romanticismo en Madrid y descubrí a Miroslav Tichý y su fotografía, gracias a la exposición organizada allí por Photoespaña (abierta hasta el 28 de Agosto). Llego algo tarde, lo se…Tichý saltó a la fama mundial en el 2004…pero ¡qué importa! No se trata de llegar primero, segundo o último, se trata de sumar al bagaje personal tanto como fotógrafo que como persona, un fragmento de belleza que enriquece y me hace sentirme mejor. Lo que me ha cautivado de Tichý han sido por supuesto sus imágenes evocadoras, resultado de una mirada incisiva y original de la cotidianeidad de la vida, pero también la historia que hay detrás y la persona Miroslav Tichý, un hombre que desarrolló una profunda y arraigada filosofía, fundamentada por la cultura, el arte, la sensibilidad y el anti-conformismo.

Miroslav Tichý antes de llegar a la fotografía, frecuentó la Escuela de Bellas Artes en Praga; nunca llegó a completarla, porqué mientras tanto, se estableció el régimen comunista que impuso a los artista un enfoque que Miroslav no compartía. A partir de allí se hizo siempre más evidente el choque frontal con el “estatus quo” que se iba estableciendo; Miroslav se transformó entonces en un espíritu libre, excéntrico, independiente, rozando la locura; elije una vida al límite y se conforma vivir en una chabola de madera en su ciudad Kyjovn en la Republica Checa. Todo esto le permite ser tolerado por el régimen, que lo deja vivir marginado y que lo obliga a pasar unas temporadas en psiquiátricos o cárceles, para quitarse del medio su figura que amenazaba la perfección aparente que el régimen quería mostrar públicamente, sobre todo durante manifestaciones en las cuales participaban representantes de la jerarquía gubernamental. En los años Cincuenta, Tichý descubrió la fotografía y empezó a desarrollar su propia visión, incluyendo el hecho que era el mismo que se construía sus propias cámaras y lentes con material de desecho, que intervenía con lápiz en las fotos reveladas, que sobrexponía y desenfocaba y que ha utilizado (quizás sin voluntad directa) el tiempo como un elemento más para deteriorar sus imágenes y de esta manera añadirle un mayor componente de evocación. La imperfección que crea poesía.

Camara fatta da Tichý

Cuando la fotografía se convierte en su misión, decide hacer cien fotos cada día; por lo tanto, cada día, sale a darse un paseo por su pueblo para hacer foto de lo que es el “mundo” (como el mismo dice en el maravilloso e imperdible video que Roman Buxbaum ha hecho sobre este artista); a juzgar de las imágenes, parece que su perspectiva del mundo estaba muy condicionada y cercana a la mujer. La casi totalidad de sus fotografías tienen como protagonista las mujeres.

Existe un claro paralelismo entre la poesía y la fotografía de Miroslav Tichý. La poesía es un género literario que, por medio de la palabra, evoca sentimientos, emociones, sensaciones y genera reflexiones y pensamientos. En la poesía se usan elementos de valor simbólico para generar imágenes, que necesitan de una actitud activa por parte de quien lee los poemas para poder captar el mensaje. Las imágenes de Tichý derivan de un concepto evocador de la fotografía. Como el mismo dice: “reconocemos solo lo que podemos y queremos reconocer”; sus imágenes provocan pensamientos, nos obligan a entrar en nosotros mismos, en nuestra memoria, en nuestro vivido, para poder evocar lo que las imágenes nos trasmiten. En este proceso, nuestro ánimo se llena de nostalgia, de recuerdos y de esencial y se le ofrece extraer de lo que ve borroso, sobrexpuesto, desenfocado en las imágenes de Tichý, una clarísima y dulcísima sensación de bienestar. El fotógrafo y el observador de su obra entran en sintonía y por un momento se tiene la sensación que su imagen es tu imagen y que tu vida ha sido lo que él ha congelado en sus fotos. Tichý decía: …”yo no existo en absoluto, soy simplemente una herramienta de percepción…”. Tichý lleva las imágenes a un sugerente lugar en el cual todos nos parecemos y nos reconocemos; la Fotografía de Miroslav Tichý es la más clara demostración que la poética de una imagen no nace de una cámara fotográfica si no de la mirada de la persona que está detrás de ella.

Tichý-Romanticismo-Madrid3

En el 1981, un vecino de Miroslav Tichý, que fue también su psiquiatra, Roman Buxbaum, empezó a entrevistar, a documentar dichas entrevistas y sobre todo a preservar el trabajo deteriorado; al mismo tiempo, trabajó para que se diera a conocer la obra de este artista. Desde entonces, solo en el 2004 (7 años antes de la muerte de Tichý) y gracias al curador suizo Harald Szeemann, se presentó al público su obra en la Biennale de Sevilla; a partir de allí la obra de Tichý cautivó a todos y se llegó a exponer hasta en el Centro Pompidou en París y en el Center of Photography in New York. Miroslav Tichý a pesar de que su obra había alcanzado notoriedad mundial, quedó fiel a sus principios, en ser anti-conformista y “anti-establishment”; rechazó la fama, el dinero, los premios y los paripés y se quedó en su casa llena de imágenes y de muchas otras cosas, en su pueblo Kyjov, del cual supo retratar la esencia de lo que ocurría, tomando siempre las mujeres como sus únicas musas.

Esta historia me cautiva pero también me genera rabia; seguramente nos hace reflexionar entre el dualismo entre ser artista y ser un artista reconocido. … ¿que quiere decir precisamente “reconocido”? ¿Reconocido por quién? ¿Quién se otorga la autoridad de reconocer a un artista? ¿Cuáles son los criterios que usa? ¿Cuánta subjetividad existe en estos criterios (si de criterios podemos hablar)? Todo esto me recuerda el relato visual “El escultor” que leí el año pasado en el cual un galerista decía a un artista: “crees de verdad que existe un “artometro” omnipotente que divide el bueno de lo malo? Es todo malditamente subjetivo, siempre lo ha sido y siempre lo será”.

Una persona que ha vivido su vida sin pedir nada, preservando su libertad y su pensamiento mientras el resto del mundo lo consideraba medio-loco y lo marginaba; una persona con una sensibilidad y profundidad de pensamiento excepcional, reversaba todo su ser en hacer fotografías con cámaras hechas por el mismo, usando materiales de deshecho. Una persona así ha generado una herencia para todos hecha de imágenes evocadoras en las cuales todos nos reconocemos o a través de las cuales, visualizamos nuestros recuerdos o nuestras nostalgias. Esto debería ser suficiente para que su obra fuera conocida y difundida, porque disfrutando de ella, nos ayuda a todos a ser mejores personas y a facilitar que nos conozcamos mejor, más allá de las apariencias, de las hipocresías y de la superficialidad. La obra de Miroslav Tichý conseguió (aunque muy tarde y a pesar de su voluntad) esta notoriedad; una gota en la infinidad del mar de los anónimos que hacen arte para sigo mismo, para sentirse mejor, para expresar la interioridad, para superar conflictos interiores o simplemente para el gusto de hacerla. En este sentido, Miroslav Tichý es sin lugar a duda el artista de los artistas…aunque él, conforme a su anti-conformismo, prefería autodefinirse un “Tarzán jubilado”.

En 1992, el pintor austríaco Arnulf Rainer visitó a Tichý y le pidió comprar algunas de sus obras. Tichý se negó a aceptar dinero y le propuso un trueque: una pintura de Rainer, a cambio de una fotografía. A partir de allí, muchos más artistas quisieron hacer lo mismo. Visto lo visto, Roman Buxbaum fundó entonces The Tichy Ocean Foundation, que se basa en el concepto de intercambio. Artistas de todo el mundo donan sus obras a cambio de fotografías de Miroslav Tichý.

Antes de acabar este post-homenaje, quiero añadir una cosita más: os invito a volver a leer cuanto he escrito o a mirar las imágenes de Tichý, poniendo la bellísima balada que Nick Cave ha querido componer y dedicar a Miroslav Tichý; una pieza que en mi opinión encierra en su ritmo y en sus palabras muchas de las sensaciones que las imágenes de Tichý evocan en nuestras cabezas cuando las miramos.

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NosoloPhotoespaña: un recorrido artístico-visual por Madrid

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Mappa PHE-Portata

La cita anual con PHOTOESPAÑA es un “must” que intento cumplir religiosamente, organizando trabajo y familia para alcanzar este codiciado “espacio-tiempo” muy personal. Este año el “leitmotiv” de la cita anual con la fotografía en España (hasta el 28 de Agosto) es “Europas”. Un tema muy pertinente, considerando la situación de nuestro “viejo” continente; es una oportunidad para que se reflexione sobre este sentimiento de pertenencia y sobre la cultura y los valores que nos acomunan. Es cierto que la política, la burocracia, los egoísmos, el cortoplacismo y la gestión de la democracia que hacen nuestros políticos, nos están haciendo alejar de estos sentimientos de comunidad; nos hacen percibir más el peso de los deberes y de los controles, que la belleza de un espacio común de libertad. A mi juicio y en base a las exposiciones que he tenido tiempo de ver, PhotoEspaña enfoca el tema “Europas” sin conseguir un desarrollo completo; hay muchas incongruencias y alguna exposición que no tiene nada a que ver con el tema central. En cualquier caso, si se prescinde de la inflexibilidad en el juicio, hay que decir que en Madrid nos podemos dar un baño de fotografía, y no solo! De hecho, además de la fotografía y quedándonos en el arte visual, hay dos exposiciones imperdibles: El Bosco (en El Prado) y “Caravaggio y los pintores del norte en el Museo Thyssen.

A continuación, presento los diferentes lugares expositivos (en el mismo orden con el cual los he visitado), comento brevemente las diferentes exposiciones que allí se encontraban y las categorizo de acuerdo a mis criterios artístico-emocionales y usando la siguiente escala: Perdible (se puede hacer a menos de ir), Aconsejada (se debería ir porque el tema, la calidad de las imágenes o la instalación merecen la pena ser vistas), Imperdible (no se puede absolutamente perder por las evocaciones que genera y por el transporto emotivo que provoca).

Vivian Mayer

Fundación Canal – Vivian Mayer. Street Photography (hasta el 16 de Agosto). Ya había visto en Valladolid en el 2013 una expo sobre esta “nanny-fotógrafa”. Una anónima, invisible que fotografiaba a anónimos e invisibles, que en 2007 (a solo dos años de su muerte), una carambola del caso, catapultó a la fama mundial. Aconsejada.

 

Migración

Conde Duque – ¡A las puertas del paraíso” (hasta el 4 de Septiembre). Trata el tema actual que quema nuestras conciencias y que la política no sabe gestionar: los flujos migratorios. Como dice el comisario de la exposición, los fotógrafos que están en las fronteras Europeas, son testigo de otro naufragio del reportaje tradicional porque, no solo existe competencia entre ellos, sino también con las agencias de prensa, con los turistas y con los mismos migrantes que relatan con sus móviles su propia odisea. Los 5 fotógrafos que componen esta exposición, ofrecen una visión reportero-conceptual del fenómeno. Aconsejada.

Blanca Berlín- Jürgen Schadeberg (hasta el 30 de Julio). Una serie de fotografías tomadas sobre todo en Sudáfrica, durante el periodo del apartheid. Aconsejada.

Tichy

Museo del Romanticismo – Miroslav Tichý (hasta el 28 de Agosto). Me doy siempre más cuenta que soy un romántico empedernido…esta exposición es el máximo de los máximos: una historia bellísimas, unas imágenes altamente evocadoras y por lo tanto sublimes, una revolución personal que se debería hacer global. Hablaré con calma de esta maravilla en una futura entrada pero que nadie se quede sin verla! Imperdible.

Fundación Telefonica – Tras los pasos de Inge Morath (hasta el 2 de Octubre). Entre el 1958 y el 94, Inge Morath fotografió repetidamente la vida alrededor del Danubio. En el 2014, 8 mujeres fotógrafas, sus hijas, un pequeño equipo de apoyo, una canguro, después de haberse financiado a través de una campaña de crowdfunding, viajaron por un mes desde el nacimiento del Danubio hasta su desembocadura, siguiendo el espíritu de Inge Morath. Esta exposición es el resultado de este viaje fotográfico en la cual se presentan las visiones de las 8 fotógrafas, además de las fotografías de Inge Morath. Aconsejada.

CentroCentro – Rostros (hasta el 28 de Agosto). Se trata de una recopilación de imágenes que permite examinar la evolución del retrato fotográfico en Europa a partir del 1990. Aconsejada.

Casa de América – José A. Figeroa + Cartografías intimas (hasta el 31.7). José A. Figueroa presenta una visión de un cubano que visita y retrata lo que ocurría en Berlín Este en los días en el cual el muro caía y las dos ciudades volvían a ser una. Aconsejada. Cartografías Íntimas es la exposición de los ganadores de los visionados en Transatlantica, un foro de fotografía para Latinoamérica. Un “poutpurri” de imágenes, algunas muy interesantes, otras menos. Perdible.

Fundación Mapfre – Hiroshi Sigomoto. Black Box (hasta el 25 de Septiembre). Esta exposición no está dentro PhotoEspaña pero es seguramente Imperdible, por la poesía tanto visual como técnico-conceptual que el Maestro consigue encerrar en sus imágenes.

Lucía Mendoza- Christian Voigt. Inner Landscapes/Paisaje Interior (hasta el 28 de Julio) paisajes sobrecogedores, obtenidos con una superposición de treinta exposiciones de la misma imagen. Aconsejada

Círculo Bellas Artes (hasta el 25 de Septiembre). Louise Dahl-Wolfe, el fotografo de Harper’s Bazaar que supo revolucionar la fotografía de moda. Aconsejada. Federico Clavarino. The Castle. Perdible. Transiciones, 10 años que trasformaron Europa. Se trata de los años entre cuando Margaret Thatcher fue elegida primera ministra del Reino Unido (empezando el derrumbamiento ético, moral, financiero etc…que produjo la actual crisis) y el año en el cual caía el muro de Berlín, un acontecimiento que inyectó en la gente esperanza e ilusión. Estos mismos años (’79-’89) fueron también los años en los cuales se dió origen a lo que ahora es Internet. La idea guía de la exposición es muy bonita, pero su desarrollo visual no es a la altura. Diría Perdible aunque creo que por el tema y para tener la ocasión de pensar en los orígenes de lo que hoy estamos sufriendo, digo Aconsejada.

Museo ICO-Robbin&Becher. Desplazamientos (hasta el 11 de Septiembre). El absurdo, la uniformidad y la fealdad de “las catedrales en el desierto” que el mundo occidental construye. Una serie a parte y muy, muy interesante es sobre los Black Cowboys. Aconsejada.

ElBosco

Museo del Prado. El Bosco: Vo centenario (hasta el 11 de Septiembre). Un huracán de colores, formas, creatividad, sensaciones, imaginación, irreverencia, belleza y bella fealdad que merece una entrada a parte. Imperdible.

 

Para acabar este largo recorrido: La Fabrica-Cristina de Middel. Antipodes (hasta el 31 de Julio). Perdible