Bruce Davidson, desde la empatía y la comprensión

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No pude ver la retrospectiva de Bruce Davidson que la Fundación Mapfre ha organizado en colaboración con Magnum Photos cuando estaba en Madrid (hasta el 15 de Enero), pero he tenido suerte, porque ha sido ella que ha venido a encontrarme a Bilbao (Sala Rekalde hasta el 6 de Mayo) y la oportunidad la he aprovechado de inmediato, 4 días después de su inauguración.

En la portada de esta entrada he elegido una fotografía que Bruce Davidson (1933) hizo en los años noventa en el Central Park en New York (trabajo que derivó en un libro publicado por Aperture Foundation); esta fotografía es seguramente muy diferente de las fotografías por la cual este autor es mundialmente conocido. He elegido esta imagen porque para mí visualiza la perspectiva interior desde la cual Bruce Davidson nos muestra sus fotografías. Sus fotografías derivan de la empatía que el autor ha sido capaz de sentir con las personas que retrata; esta empatía a su vez nace de la comprensión de mundos diferentes, fruto de la inmersión en las realidades de estas personas; esta comprensión es finalmente posible, porque Bruce Davidson ha siempre vivido desde el interior lo que ha representado visualmente. Como el mismo ha dicho: “si busco una historia, la encuentro en la relación con el sujeto; no soy yo que cuento, sino que es la historia que se me revela”

Esta segunda fotografía que propongo (para mí de una potencia impresionante con esta doble jaula como metáfora del encarcelamiento de cualquier esperanza de cambio), pertenece a la serie East 100th Street, del 1968 con la cual Bruce Davidson alcanzó la fama como fotógrafo (fue expuesto en el MoMA). Fue un trabajo de dos años en los cuales el autor vivió con los habitantes de este “ghetto” de la parte este de Harlem. Un trabajo sensacional, contiene una cantidad increíble de grandísimas y bellísimas fotografías que parecen ser instantáneas de vida, hechas por los mismos habitantes del barrio. El fotógrafo usó una cámara antigua de gran formato para que el “acto de fotografiar” fuera respetuosamente formal y macroscópicamente evidente; este particular da, en mi opinión, todavía más valor al trabajo de Bruce Davidson porque era necesaria por su parte una compenetración, una empatía, una comprensión y un respeto total de los sujetos para que estos se sintieran tan “a gusto” durante la toma y no posar si no simplemente revelarse tal como eran.

Bruce Davidson revelaba personalmente sus fotografías en su cuarto oscuro, controlando integralmente el proceso y trabajando mucho en post-producción sobre las luces y las sombras para hacer resaltar lo que el consideraba importante resaltar. Este dominio de las técnicas de revelado la fue adquiriendo desde muy pequeño; con 10 años su madre le montó un cuarto oscuro en el baño en casa para que revelara las fotos que iba haciendo en las calles de su barrio.

La exposición es sin lugar a duda imprescindible, tanto por la cantidad y la calidad del material expuesto, cuanto sobre todo para apreciar y aprender cómo llegar a ofrecer a los espectadores una visión personal del mundo, entrando empáticamente en las dinámicas emocionales, sociales y humanas de quien está siendo fotografiado y desde allí mostrarnos las cosas. Una manera de comunicarse a doble hilo: humanamente entre él y los sujetos; emocionalmente con quien mira sus fotografías, trasmitiendo naturalidad, pero al mismo tiempo denunciando.

Una última consideración: para mi existe un paralelismo entre la fotografía de Bruce Davidson y la serie Café Lehmitz de Anders Petersen que ví el año pasado en PhotoEspaña; este paralelismo no es tanto visual, sino más bien de visión de la vida y de respeto de la vida de los demás, sobre todo de la vida de quien aparentemente es sin esperanza.

Aprovecho para señalar que en el ámbito de los Viernes CFC Bilbao, el 9 de Marzo a las 19.30, el comisario de la exposición Carlos Gollonet, ofrecerá un recorrido por la carrera de Bruce Davidson

 

 

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International Garden Photographer of the Year 2017

Lake of arboreal swans

El 9 de Febrero, en el Royal Botanic Garden de Kew, se proclamaron los ganadores de la undécima edición del International Garden Photographer of the Year y la inauguración de la exposición de las imágenes ganadoras. La imagen de la portada: Lake of arboreal swans ha sido premiada como “Highly Commended”. Para mi he, sin lugar a duda, una gran satisfacción haber alcanzado este resultado en una competición tan concurrida y de tan prestigio, con una imagen tan… ”atrevida”.

A parte de la imagen premiada, he tenido la satisfacción que la imagen “home green home” en la sección “outdoor living” y el portfolio “Arboreal Phantasmagoria” han sido “shortlisted”.

Il Venerdí di Photosatriani N. 142

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                           Arbóreo N. 81 – Rosone Rettangolare

Esta imagen pertenece al portfolio que ha sido elegido como finalista en el International Garden Photographer of the Year 2017 (IGPOTY)

Il Venerdí di Photosatriani N. 141

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                               Arbóreo N. 79 – Luchadores de Sumo

Esta imagen pertenece al portfolio que ha sido elegido como finalista en el International Garden Photographer of the Year 2017 (IGPOTY)

Il Venerdí di Photosatriani N. 140

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Arbóreo N. 79 – Huella arbórea

Esta semana rompo el flujo planificado de imágenes porque he aceptado el desafío lanzado por David y César y por una semana propondré en mi página de Facebook una imagen en ByN sin gente y sin explicaciones, así como se indicaba en el reto. Empiezo hoy y empiezo con una imagen relacionada con árboles, por eso he pensado incluirla también en arbóreo.

Il Venerdí di Photosatriani N. 139

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                                      Arbóreo N. 78 – Accoppiamento

Esta imagen pertenece al portfolio que ha sido elegido como finalista en el International Garden Photographer of the Year 2017 (IGPOTY)

La importancia de las imperfecciones en el proceso creativo

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Consumimos y producimos masivamente pero, ¿Cuándo creamos? Crear necesita tiempo y trabajo, justo lo que normalmente falta, sobre todo para aquellos creadores que luchan todavía para ser conocidos y reconocidos. La creación es un proceso lento de viaje y de reflexión, que no necesariamente da frutos inmediatos; una persona que crea, o cuando una persona crea, busca y rebusca en sí mismo entre sentimientos, recuerdos, ideas, experiencias, pulsiones, algo que encierre todo este proceso y que además sea capaz de transmitirlo a los demás que miran su creación. La tendencia global que todos vivimos en el día a día y en la que todos estamos metidos, es que se invierte tiempo y esfuerzo en lo fútil porque parece que para que lo creado sea valioso, tiene que transformarse en viral. Poco importa la reflexión, la lentitud, el recorrido. Si tenemos nuestros “me gusta”, si se comparte, si se hace viral, entonces es exitoso. Esta manera de mostrar nuestras creaciones, rápida y cortoplacista, merma la perseverancia de quien crea, tanto que, si se quiere abarcar algún proyecto más profundo o más largo, el esfuerzo necesario nos parece inviable y sobre todo inútil.

Por otro lado, desde que el mundo es mundo y continuará a ser así, una persona que crea y sus creaciones están expuestas constantemente al juicio y a la valoración permanente de quien las miran, analizan, sienten y opinan. Todo esto es muy duro, contribuye a hacer tambalear la confianza porque es como estar permanentemente en un columpio o todavía peor, en una montaña rusa, alternando momentos de poesía con otros de total desarmonía y vértigo.

En este contexto, no existen alternativas: hay que asumir los picos y las valles sin exaltarse y sin deprimirse; hay que asumir la falta de confianza periódica; hay que escuchar lo que dice la gente, sabiendo pero discernir lo que vale del ruido y continuar a andar, recordando que todos los pasos suman y que a veces es legítimo aspirar a una percepción a “baja resolución”, para ignorar los detalles que revelan la mezquindad y para difuminar los contornos.

Crear es una herramienta esencial de crecimiento; es una manera de percibir el mundo usando plenamente los sentidos; crear no es una huida de lo real, sino que es pura inmersión en el real porque quien crea busca la belleza en la cotidianeidad llena de imperfecciones, usando una visión poética o personal, para afirmar su propia originalidad sin esperar que los demás “nos elijan”. Si nos acostumbramos a habitar con plenitud la parte imperfecta de nuestra vida y sabemos transformarla en posibilidad, en colores, en formas, en perspectivas, en luz, en olores, en pensamientos, entonces estamos creando y si creamos de esta manera, no nos importará si nuestra creación se queda desconocida para el resto del mundo porque lo que hemos creado es suficiente para darnos felicidad y plenitud.

Mi deseo para todos nosotros es que en el Nuevo Año seamos capaces de invertir la inercia de una vida inmediata con el poder positivo de la creación.