Il Venerdí di Photosatriani N. 171

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Arbóreo N. 109 – Radici

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Il Venerdí di Photosatriani N. 170

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Arbóreo N. 108 – Moving Sequoia

Il Venerdí di Photosatriani N. 169

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Arbóreo N. 107 – Bosco Sequoie in Spagna

Il Venerdí di Photosatriani N.168

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Arbóreo N. 106 – Bosco dei Pallottini

 

20.000 horas de revuelo

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La discapacidad intelectual es un mundo infinito en el cual normalmente se entra, cruzando un espejo. ¡Si!, un espejo en el cual antes de todo nos reflejamos las personas que nos definimos “normales” y luego, a través de este “espejo liquido”, accedemos a un mundo increíble, lleno de sorpresas y de misterios. El viaje que nos espera necesita mucha dedicación, paciencia, perseverancia, amor, abertura mental, empatía, pero en el recibimos enseñanzas, perspectivas diferentes sobre la vida y sobre lo que realmente importa, esencialidad, sinceridad y mucho, muchísimo amor. Todo esto lo digo como padre de un chico con Sindrome de Down y es con todo esto en el corazón, que quise visitar la exposición (dentro PhotoEspaña18) Al borde del aeropuerto en el Centro Cultural Gloria Fuentes en Barajas (hasta el 28 de Agosto). El autor se llama Antonio Martín “Michael” y es una persona con discapacidad intelectual que por más de 20 años ha retratado sus vecinos del barrio de la Alameda de Osuna en Madrid y sus compañeros del centro ocupacional de Envera. Sus retratos son francos, directos, solares como posiblemente es su manera de ver el mundo y las personas (llego a esta conclusión, extrapolándola desde la perspectiva que también tiene mi hijo hacia el mundo que lo rodea). Para alcanzar el resultado obtenido por Michael, tan desenfadado y a la vez preciso, habrá seguramente ayudado su manera de aproximarse a la gente y la predisposición de la gente a abrirse delante una persona con diversidad funcional.

La característica común de todas las imágenes hechas por “Michael” es que sus modelos están siempre sentados; sería muy interesante entender el porqué de este punto de vista que usa el autor para retratar a sus modelos; además las personas retratadas están sentadas siempre sobre un mismo cojín que el mismo les ofrece.

El conjunto de las imágenes expuestas constituye una excelente memoria visual del barrio y de sus protagonistas, una colección de instantes de vida desde el punto de vista de una persona con discapacidad intelectual, que nos ofrece aquellos instantes que él ha decidido y querido recordar, pero creo que, por encima de todo, las imágenes de “Michael” enseñan las capacidades de esta persona y (como el mismo panfleto de la exposición dice), representan el triunfo sobre el desconocimiento y la incomprensión.

También los modelitos de edificios que se ven en las fotos que comparto, son obra de la paciencia y de las capacidades de “Michael”

 

 

Il Venerdí di Photosatriani N.167

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Arbóreo N. 105 – Bosque en Karrantza

 

No todo lo que podría revelarse hay que revelarlo

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No sé cómo arrancar este artículo. Me llegan a la mente un montón de posibilidades, pero ninguna muy convincente: el bombardeo visual al cual estamos sometidos en la era de la fotografía digital, pide a gritos la vuelta a un proceso basado en la tradición en el cual las imágenes se vuelven tangibles y tocables; mi dilema creativo permanente que me columpia periódicamente entre la fotografía a alta definición y la fotografía evocadora; la experimentación fotográfica enfocada a encontrar formas y soportes innovadores respeto a los habituales para inventar maneras alternativas de comunicarse a través de la fotografía. Desarrollar cualquiera de los temas enunciados anteriormente, me permitiría tener un marco teórico y general para luego hablar especificadamente de dos exposiciones que vi en PhotoEspaña 2018 y que en definitiva son el objeto principal de este artículo y la causa de mis elucubraciones con las cuales quería arrancar este artículo. Así que lo mejor es empezar a hablar justo de las dos exposiciones que han sido el origen de todo esto.

En la Galería Blanca Berlín (hasta el 8 de Septiembre), Alberto Ros expone “El camino del tao”. El tao es “el origen”, es un camino circular por el cual todos transitamos hasta ser reabsorbidos por él. Es por lo tanto un concepto muy relacionado con la Naturaleza Madre. Pero no es de la base teórica usada por Alberto Ros para su trabajo, que quería hablar. Lo que me fascinó de esta exposición fue la técnica usada por el artista para obtener sus imágenes. El “clorofilotipo” es un proceso que es parte de la antotipia, que usa extractos de plantas para el revelado a contacto, de las imágenes. En el caso del “clorofilotipo”, se usa la misma clorofila contenida en las hojas, come superficie sensible en la cual revelar las imágenes, a través de un lentísimo proceso de transferencia por contacto de la imagen, desde el soporte fotográfico original a la hoja que actúa como papel fotográfico, gracias a la exposición a la luz solar. El resultado son piezas visuales únicas sobre hojas, que revelan imágenes evocadoras, que generan una sensación de paz y serenidad, a la vez que un deambular de la mente a la búsqueda de algún vivido personal para asociarlo con esa imagen efímera revelada en la hoja y que nos ha obligado a pensar.

En el Museo del Romanticismo (hasta el 23 de Septiembre), expone “La experimentación pictorialista” de Tomás de Acillona. En este caso estamos hablando de fotografía experimental entre el 1920 y el 1950 usando la técnica de la goma bicromatada que de Acillona perfeccionó junto su amigo músico Andrés Isasi. Lo que me gusta pensar es que, a pesar de que los críticos atribuyen a de Acillona más bien méritos por la maestría que había llegado a tener en el proceso técnico de revelado, la colaboración con el amigo músico, había contaminado también al fotógrafo que elegía los sujetos para transmitir determinadas emociones que el sentía y no solo porque necesitaba “material” para refinar su dominio de la técnica de revelado. Es verdad que sus imágenes espacian desde los retratos hasta los bodegones, pasando por el paisaje y hasta el reportaje, en mi opinión, en las imágenes de la exposición comisariada por Mikel Lertxundi Galiana, existe como un factor común hecho de silencio y soledad (para nada negativa).

Poniendo a factor común las dos exposiciones, me parece poder afirmar que en ambos casos se trata de fotografía experimental volcada a conseguir imágenes evocadoras en las cuales el verdadero “revelado” es solo parcialmente obtenido en el proceso técnico; parte de este proceso ocurre en nuestras mentes a través de nuestros pensamientos evocados por algún aspecto visual que ha capturado nuestra atención en la imagen que vemos. De esta manera, nuestras mentes revelan con nitidez algún aspecto y dejan en la vaguedad otros, sumando una nueva unicidad en las ya únicas piezas artísticas que estamos mirando. Este proceso inconsciente, me recuerda mucho el proceso muy consciente que el fotógrafo hace cuando trabaja en una imagen a alta definición para revelar con luz algún detalle que permite subir a dimensiones superiores una imagen de por sí muy bella y dejando deliberadamente en la sombra o en un segundo plano otros detalles que no queremos que se revelen.

Para quien ama la fotografía en soporte no digitale, recuerdo que, cada mes de Mayo, en Vilassar de Dalt y en Barcelona se organiza REVELA’T; en la edición de este año también mi amiga Conchi Martínez ha participado con su Cuaderno de Viaje.

 

 

Il Venerdí di Photosatriani N.166

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Arbóreo N. 104 – Lilla di sera, bel tempo si spera

 

Caras y lugares: un íntimo gesto artístico de reivindicación social

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El gesto artístico en cuestión, es una película documental que habla de arte visual, de gente y de habilidad en contar historias; en cualquier caso, yo lo definiría un viaje; un viaje alegre, radiante, etéreo, animado, exultante, lleno de ironía, pero también de melancolía, intimidad, compenetración y complicidad entre una mujer de 88 años: alegre, curiosa, inocente (Agnes Varda, directora de cine) y un hombre de 33: rompedor, enérgico y poliédrico (el artista foto-grafico callejero, JR). Juntos, deciden iluminar historias de ordinaria belleza, de minorías invisibilizadas y de poesía escondida, visitando lugares de la provincia francesa, a la búsqueda de caras a retratar para que no terminen en los agujeros del olvido. A estas personas se les regala una chispa de vida y de efímera inmortalidad, revistiendo con sus imágenes, paredes anónimas de lugares cotidianos otorgándoles una dignidad no revelada o negada.

Agnes y JR viajan en la camioneta de JR, que está adaptada para que contenga un fotomatón capaz de imprimir imágenes a grande tamaño; la película nos ofrece una sucesión de actuaciones visuales a través de las cuales conocemos: una gran finca cultivada por una sola persona gracias a la ayuda de la tecnología, los restos de un búnker de la Segunda Guerra Mundial atrapado en equilibrio instable en una playa atlántica, el puerto de Le Havre, un pueblo minero abandonado, una industria química, una granja de cabras con cuernos y muchos pueblitos escondidos donde la vida es monótona, espumosa y placentera.

En cada uno de estos lugares el elemento central son siempre las personas que los artistas retratan y cuyas gigantografías son luego regaladas y pegadas, en forma de murales, a las paredes del territorio que habitan: mineros, estibadores con sus esposas, gente resiliente, un cartero, una camarera, granjeros, obreros, aldeanos. En todo esto hay también tiempo para temas más intimistas: se habla de los ojos de Agnes que pierden visión, de su amor por los gatos, de los recuerdos de su juventud, de las gafas de sol que JR nunca se quita, de su abuela centenaria, hasta de Godard.

El significado más profundo de la película (Caras y Lugares) debe buscarse justo en el vínculo que une a estas dos personas tan distantes y que hace que reaccionen entre sí; en la película se pueden además buscar reflexiones sobre el sentido del tiempo y del efímero; en cualquier caso, por encima de todo esto, la película es un himno a la fuerza catártica del arte visual entre las personas que, gracias a ella, llegan a romper la banalidad de los diálogos cotidianos, para  expresar con simples palabras, la emoción que dicha arte les trasmite, iluminando así historias de belleza ordinaria.

 

 

 

Il Venerdí di Photosatriani N. 165

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Arbóreo N. 103 – Porta girevole con palma nana