Il Venerdí di Photosatriani N. 107

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Arbóreo N. 46 – Lucha Silenciosa 4

 

Il Venerdí di Photosatriani N. 106

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Arbóreo N. 45 – Lucha Silenciosa 3

Lewis Baltz: claustrofobia urbana

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R166 Baltz Garage Door IP10 001

Cuando visité la exposición-retrospectiva de este “monstruo sagrado” de la historia de la fotografía (Fundación Mapfre, Sala Barbara de Braganza, Madrid. Hasta el 4 de Junio) salí algo decepcionado y hasta deprimido. Para mí, el arte (y por lo tanto la fotografía también) tiene que hacer pensar, denunciar, emocionar y mil cosas más pero, debido a que el arte penetra a través de nuestros sentidos, tiene necesariamente que tener una fuerte componente estética y de armonía; algo como un himno a la “belleza” (en el caso de la fotografía, de tipo visual). Las imágenes de Lewis Baltz no tienen seguramente esta característica. Tampoco ayuda en este intento perceptivo, la “frialdad” con la cual el comisario de la exposición (Urs Stahel) ha querido estructurarla: por bloques cronológicos, cada uno de los cuales, demasiado descriptivo y con muy poco espacio para la interpretación; para rematar la cosa, mi conocimiento preliminar sobre este autor era realmente muy pobre. Todos estos factores, hicieron que mi sensación a la salida de la exposición no fue ciertamente positiva.

Pero, vista la envergadura del artista en cuestión, no me podía conformar con esto y entonces recurrí a Anna Mola, una persona muy competente en historia de la fotografía y que me está ayudando a poner orden en mi producción fotográfica. Le pedí de hablarme de Lewis Baltz; ella entonces me propuso un módulo de su curso de historia de la fotografía, que me proporcionó las claves para entender y profundizar en el mensaje encerrado en la fotografía de Baltz. Despojar la realidad de todo lo que se considera “bonito”, ha sido un ejercicio de coherencia durante toda la vida de este autor, que ha querido fotografiar la ausencia. ¡Es verdad! en las imágenes de Baltz, se extraña siempre algo; pero no es solo un extrañar algo físico, como por ejemplo el cielo que nunca aparece o si lo hace es un magma lácteo sin significado; si no, que es extrañar algo que tiene a que ver con nuestra origen animal, con nuestro instinto de supervivencia. En las imágenes de Lewis Baltz no existe un escape, una salida, una posibilidad de salvación; se necesita huir de allí, aunque sea simplemente con la mirada, pero no se puede. Esto genera ansiedad, malestar, nos incómoda. Esta es la calve con la cual este autor quiere remover nuestras emociones y para ello ha elegido la no-estética. Todo esto es seguramente interesante, muy interesante pero…

Lewis Baltz pertenece a la generación de fotógrafos agrupados en la exposición New Topographics que puso en duda el concepto del paisaje estéticamente bello; en este grupo hubo mucha “variabilidad” en la materialización de este concepto común y Baltz seguramente fue uno de lo más intransigentes en mostrarnos esta no-estética. En este mismo grupo, estaba por ejemplo también Stephen Shore y sus imágenes, aunque tienen como sujeto la misma, desafortunada intervención del hombre en el paisaje, son estéticamente atractivas, son un “himno” a la belleza que se encuentra en la fealdad. Una cuestión de perspectiva, de interpretación, de saturación, de composición, de postproducción, lo que sea, pero extremadamente importante para que sus imágenes sean estéticamente y armónicamente bellas. Resultado que personalmente comparto y que está más alineada con mi ser.

Gracias Lewis Baltz y Anna Mola por haberme provocado este torbellino de consideraciones, que seguramente añadirán un granito de sabiduría en mi bagaje como fotógrafo y también como persona.

Il Venerdí di Photosatriani N. 105

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Arbóreo N. 45 – Lucha Silenciosa 2

La presencia-ausencia: Francesca Woodman

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Untitled, Providence,Rhode Island, 1976. Gelatina de bromuro de plata. Papel: 20,3 cm x 25,4 cm. Imagen: 14,3 cm x 14,6 cm. Ed. 40

Bernal Espacio es una galería de arte, efímera. Aparece y desaparece en distintos lugares, dependiendo de la conveniencia y del contenido de la propuesta expositiva. Tan efímera que, buscando su dirección en Google Maps la localización de la exposición Ausencia/Presencia de Francesca Woodman, aparecía como Bernal Espacio en la c/Cohello en Madrid… pero, allí no había ninguna galería (la hubo por un breve periodo de tiempo el año pasado). Actualmente la galería, como la Araba Fenice, ha vuelto a aparecer en la c/Lope de Vega 17, en pleno barrio de Las Letras y estará allí, hasta el 31 de Mayo (para luego volver a desaparecer), con 30 fotografías de Francesca Woodman.

Google, a pesar de presumir “agilidad”, es más lento y torpe en actualizar la información de su “Maps” y todavía se obstina a mantener una dirección inexistente, a pesar de las muchas peticiones del dueño de Bernal Espacio Galería para que borre una información incorrecta; continuando así, dentro de algunos años, se podrán encontrar una infinidad de Bernal Espacio en toda la geografía Madrileña… pero esta es otra historia que no tiene nada a que ver con el arte visual…volvemos entonces a las imágenes de Francesca Woodman.

Su fotografía siempre me ha atraído como un potente imán, a pesar que sus imágenes parecen estar siempre al borde de la desaparición (o justo por esta misma razón), las fotografías de Francesca, son capaces de penetrar hondo en mi ser, que empatiza con el mundo emocional tan complejo, sensible, oscuro, nostálgico, vívido, incomprendido de esta chica que empezó a experimentar con la fotografía a la edad de 13 años, poniendo su cuerpo como modelo en los límites de espacios decadentes, para exaltar la fugacidad de nuestra existencia. Como dice el curador de esta exposición: “Francesca nos revela la presencia latente de la ausencia a través de la evanescencia de sus fotografías”.

Las imágenes de Francesca Woodman están a la venta y sus precios oscilan entre 6.000 y 9.500€; cada copia está firmada por los padres de la artista (su padre murió hace un mes y su madre tiene 83 años; Francesca tendría ahora 59 años) y son numeradas (series de 40).

En un rincón del barrio de Las Letras de Madrid, una galería efímera, con una propuesta visual tremendamente real, fuerte, embrujadora y bellísima en su evanescencia.

Dediqué hace algún tiempo otra entrada de este blog a Francesca Woodman, haciendo un paralelismo (ahora diría algo forzado pero no del todo) con una chica actual que tuvo un momento en el que me parecía que sus fotografías recalcaban de alguna manera el mensaje visual de Francesca Woodman.

 

 

Il Venerdí di Photosatriani N. 104

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Arbóreo N. 43 – Lucha Silenciosa 1

A partir de esta semana y para 4 semanas, publicaré unos trípticos que he creado para denunciar (a través de metáforas visuales) el acoso a que estamos sometiendo a los árboles, los bosques y las forestas

Las HUELLAS de la Maestra

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copyright Pilar Pequeño photography

Pilar Pequeño es quizás la persona que más influencia mi manera de entender la fotografía. Su manera de aproximarse al sujeto que retrata, nos habla de una fotografía a tiempo lento que me recuerda la excelente cocina “crudi-vegana” que tanto está de moda, en la cual se preservan todas las cualidades de los ingredientes que componen el plato, gracias a la lentitud de los tiempos de cocción que no suelen superar los 40 grados; así la fotografía de Pilar Pequeño nos hechiza por la delicadeza de la mirada, por la empatía que la fotógrafa establece con los objetos o paisajes y por la “limpieza” de sus imágenes, fruto de su infatigable, paciente y refinado perfeccionismo.

Conocí a Pilar en un taller organizado por PIC.A (mayo 2015); congeniamos de inmediato, tanto que sus enseñanzas tuvieron un profundo calado en mi ser y Pilar Pequeño, junto quizás con Larry Fink (estuve en un taller con él en el muy lejano 1995), son, sin lugar a duda, mis Maestros fotográficos; dos personalidades a los antípodas, que conviven en mi pensamiento fotográfico.

El libro “Huellas” (en la colección de La Fábrica), es el resultado de un largo y pautado trabajo hecho en dos lugares: Baixo Miño y Mar Menor, geográficamente muy distantes pero con fuertes nexos con la vida personal de la autora. Estos dos lugares tan diferentes, se encuentran en el libro, para hablarnos de ruinas (que, como dice Rosa Olivares en el texto de presentación, “constituyen la eternidad, porque están después de la muerte”); de como la Naturaleza se retoma lo que el Hombre le ha robado; del paso del tiempo no solo en el lugar fotografiado, sino también en la mirada de la fotógrafa.

El mismo lugar, ha sido fotografiado por Pilar a distancia de unos 8 años; las imágenes hechas la primera vez son en blanco y negro; aquellas hechas 8 años después son a colores; las dos tomas, intentan mantener la misma perspectiva y condiciones de luz y esto añade un elemento más en nuestro pensamiento cuando miramos las imágenes de “Huellas”, llenas de sugerencias y de vida, entendida como huellas de historias de gente que un tiempo llenó aquellos lugares.

Como comentó de manera magistral María Teresa Gutiérrez Barranco durante la presentación del libro, las “Huellas” de Pilar Pequeño se ofrecen al espectador, mostrándonos una belleza recóndita, que atrae nuestra mirada y nos invita a comprenderlas, hasta llegar a la compenetración.

Las “Huellas” de Pilar Pequeño se transformarán en una exposición en el ámbito del Festival Off de PHE17 (arranca el 31 de Mayo en Madrid); mayores informaciones en http://www.phe.es/es/phe (al momento el contenido no está todavía disponible).

Cuaderno de bitácora de un premio

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¡Esta semana me merezco una entrada en este blog; nunca lo he hecho pero de vez en cuando, hay que compartir la ilusión vivida en momentos importantes!

El Complesso Monumentale del Broletto en Novara (Italia), ha acogido el 16º Premio d’Arte Novara, en el cual mi imagen “Pesce Volante”, ha ganado el Primer Premio en la sección “grafica digital”, con la siguiente motivación: “A primera vista surge de inmediato la elegancia compositiva de la elaboración digital y el brillo del color, que hacen la imagen dinámica y atractiva. La habilidad en el uso de las nuevas técnicas expresivas, permite que el trabajo sea actual y moderno, apreciado también por las generaciones más jóvenes”.

La imagen que he presentado visualiza la perseverancia necesaria, que a veces tiene que alcanzar la testarudez, para que nuestros sueños puedan hacerse realidad. Un pez es un pez, ¡no puede volar! El Pterois Volitans lo hace en el agua, gracias a sus movimientos elegantes y sosegados y al desarrollo de sus aletas. Este Pterois Volitans del acuario de San Sebastián, no se conformaba con eso, quería volar de verdad, libre, en el aire. Tampoco se rindió cuando sus colegas le decían que estaba loco; fue entonces que me pidió idearle un artilugio que le permitiera hacerlo. Entonces lo encerré en unas pompas de jabón que obtuvo a partir de las bolas reflectantes de la obra “El gran árbol y el ojo” de Anish Kapoor, instalada en el exterior del museo Guggenheim. Así, encerrado en estas pompas de jabón, el Pterois Volitans pudo volar de verdad.

Volviendo al premio: la preparación de la obra, su envío, su recepción en Novara, el montaje de la exposición, son todas etapas imprescindibles para llegar preparados al día de la inauguración. Los organizadores, capitaneados por Vincenzo Scardigno y coadyuvado por Chiara Bovio, han estado a la altura de las circunstancias.

El día 1 de Abril hubo el evento inaugural, en el cual no pude estar; en las imágenes de abajo se ve mi imagen dialogando con sus vecinos de pared; en la otra, el jurado congregado delante del Pesce Volante durante su valoración.

Decidí ir a Novara para el día de la premiación, porque me habían llegado muy buenas noticias sobre la acogida de mi obra; además, estando Novara no muy lejos de Ivrea donde viví por 10 años, aprovecharía la oportunidad para encontrar algunos de mis amigos. Fue un fin de semana redondo, culminado el 9 de Abril, día en el cual las noticias se hicieron realidad y recibí con enorme orgullo el Primer Premio de la sección gráfica digital.

Todas aquellas personas que tienen pasión por el arte somos conscientes de cuanto difícil es poder disfrutar de un logro como lo que he podido vivir el fin de semana pasado. Son cosas que casi alcanzan llenar las larguísimas travesías de desierto que con paciencia, pasión y perseverancia hacemos, para que nuestras obras puedan ver la luz. Como lo mejor en un viaje, es siempre el camino que se hace, continuemos a crear y a mostrar, a pesar de la aridez que nos rodea; un premio es como un oasis en el cual reponernos para luego continuar con humildad y fuerza, nuestro andar.

Os presento algunos de los demás ganadores con los cuales he compartido el placer de la victoria: Loriana Valentini (pintura), Paola Bartolacci (escultura), Michela Minotti (pintura), Lino Budano (grafica digital):