Photoespaña XX: como organizarse para optimizar la visita

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Este año PhotoEspaña (31 de Mayo–27 de Agosto) cumple 20 años; un hito muy importante para una manifestación que ha alcanzado una grande resonancia nacional e internacional. También este año he conseguido estar en esta cita que para mí se traduce siempre en un torbellino visual. Realizar mi visita anual a PhotoEspaña, depende de una combinación de muchos factores que, para poderse dar, necesitan mucho trabajo previo y una capacidad extrema de encaje. Esto, por un lado me permite disfrutar con más intensidad de las exposiciones que consigo visitar, por otro lado pero, el tiempo que dispongo es muy limitado respeto a la envergadura del evento y necesito optimizar el tiempo y tomar dolorosas decisiones para descartar alguna exposición (además de renunciar a todas las actividades colaterales que se organizan para el público). Limitándome únicamente a la sede principal de Madrid (hay otras sedes en España y en otras naciones), esta tarea se ha hecho todavía más compleja este año, debido al XX aniversario: el número de exposiciones ha crecido notablemente y están distribuidas en unas 45 sedes diferentes; además de las históricas secciones Oficial y Festival Off, se ha añadido la sección Carta Blanca que ha sido curada por Alberto García-Alix.

 

Comparto aquí los criterios que he aplicado para optimizar la visita y maximizar el número de exposiciones visitadas, con la esperanza que os puedan servir para facilitar la toma de decisión en vuestra visita. En mi caso disponía de un día entero en Junio, algunas tardes a partir de las 19h y un medio día en Julio

Para poder planificar en el detalle la visita, es imprescindible bajarse el plano de la exposiciones e ir husmeando las diferentes exposiciones, navegando en el sitio web de PHE que desafortunadamente (es un fallo importante de esta edición) no proporciona buenos contenidos visuales (mucho texto y muy pocas imágenes para poderse hacer de antemano una buena idea de cada exposición). Lo ideal sería disponer de la Guía PHE que desafortunadamente no se puede adquirir a través de la página web (aunque sea en formato digital); se puede comprar solo en los puntos librería de PHE en Madrid (9.50€).

Disponiendo de este conjunto de información, el problema que se pone es: “qué criterios aplico para seleccionar las exposiciones que voy a ver? Cuáles descarto?” Después de haberlo intentando de diferentes maneras, creo que lo mejor es organizar el tour por contigüidad física de los diferentes espacios expositivos. Como se puede ver en el mapa anterior, personalmente he dividido el mapa en tres zonas A-B-C y, en función de mis criterios (y de la info recopilada en newsletters artísticas) he señalado las expos en el mapa en rojo (MUST), negro (NICE TO GO) y dejando sin señalar aquellas que me parecían prescindibles. Las exposiciones que han quedado fuera de estas tres áreas también las he señalado en rojo o negro para organizar visitas específicas, aprovechando los huecos de disponibilidad que disponía por las tardes. Usar el criterio de contigüidad física de los espacios expositivos, nos permite además limitar bastante el impacto de un factor que quizás muchos no consideran como importante y que pero al final va a condicionar muchísimo nuestra capacidad de realización del plan diseñado cómodamente en nuestra casa: el calor infernal que podemos encontrar en una Madrid veraniega; a mí me han tocado temperaturas máximas de unos 36-40 grados y os aseguro que no es una broma deambular por las calles de Madrid con estas temperaturas, a pesar de agua, protector solar, gorro, etc…

 

En la tabla de abajo, he hecho mis recomendaciones, de acuerdo a mis personales criterios de gusto e interés; la lista incluye todas aquellas exposiciones que seleccioné como merecedoras de una visita, pero he valorado únicamente aquellas que he podido visitar hasta el día de hoy. Espero que mi perspectiva pueda servir para organizar vuestra visita a PHE17 con el objetivo de optimizar los tiempos pero sobre todo para disfrutar de este baño visual que a mí siempre me entusiasma, me inspira y me rende extremadamente dinámico y feliz. Cualquier comentario o discrepancia respeto a mis sugerencias, bienvenida sea! Estaré encantado adjuntarla a esta entrada para proporcionar puntos de vistas diferentes.

Los dípticos que ilustran esta entrada son de Photosatriani y representan un paralelismo visual de dos espacios mágicos en Madrid: el Jardín Botánico y un sitio multi-uso ubicado en Malasaña: el Paracaidista; ambos dos acogen exposiciones de PHE17. ¡A disfrutar!

Il Venerdí di Photosatriani N. 107

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Arbóreo N. 46 – Lucha Silenciosa 4

 

Il Venerdí di Photosatriani N. 106

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Arbóreo N. 45 – Lucha Silenciosa 3

Lewis Baltz: claustrofobia urbana

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R166 Baltz Garage Door IP10 001

Cuando visité la exposición-retrospectiva de este “monstruo sagrado” de la historia de la fotografía (Fundación Mapfre, Sala Barbara de Braganza, Madrid. Hasta el 4 de Junio) salí algo decepcionado y hasta deprimido. Para mí, el arte (y por lo tanto la fotografía también) tiene que hacer pensar, denunciar, emocionar y mil cosas más pero, debido a que el arte penetra a través de nuestros sentidos, tiene necesariamente que tener una fuerte componente estética y de armonía; algo como un himno a la “belleza” (en el caso de la fotografía, de tipo visual). Las imágenes de Lewis Baltz no tienen seguramente esta característica. Tampoco ayuda en este intento perceptivo, la “frialdad” con la cual el comisario de la exposición (Urs Stahel) ha querido estructurarla: por bloques cronológicos, cada uno de los cuales, demasiado descriptivo y con muy poco espacio para la interpretación; para rematar la cosa, mi conocimiento preliminar sobre este autor era realmente muy pobre. Todos estos factores, hicieron que mi sensación a la salida de la exposición no fue ciertamente positiva.

Pero, vista la envergadura del artista en cuestión, no me podía conformar con esto y entonces recurrí a Anna Mola, una persona muy competente en historia de la fotografía y que me está ayudando a poner orden en mi producción fotográfica. Le pedí de hablarme de Lewis Baltz; ella entonces me propuso un módulo de su curso de historia de la fotografía, que me proporcionó las claves para entender y profundizar en el mensaje encerrado en la fotografía de Baltz. Despojar la realidad de todo lo que se considera “bonito”, ha sido un ejercicio de coherencia durante toda la vida de este autor, que ha querido fotografiar la ausencia. ¡Es verdad! en las imágenes de Baltz, se extraña siempre algo; pero no es solo un extrañar algo físico, como por ejemplo el cielo que nunca aparece o si lo hace es un magma lácteo sin significado; si no, que es extrañar algo que tiene a que ver con nuestra origen animal, con nuestro instinto de supervivencia. En las imágenes de Lewis Baltz no existe un escape, una salida, una posibilidad de salvación; se necesita huir de allí, aunque sea simplemente con la mirada, pero no se puede. Esto genera ansiedad, malestar, nos incómoda. Esta es la calve con la cual este autor quiere remover nuestras emociones y para ello ha elegido la no-estética. Todo esto es seguramente interesante, muy interesante pero…

Lewis Baltz pertenece a la generación de fotógrafos agrupados en la exposición New Topographics que puso en duda el concepto del paisaje estéticamente bello; en este grupo hubo mucha “variabilidad” en la materialización de este concepto común y Baltz seguramente fue uno de lo más intransigentes en mostrarnos esta no-estética. En este mismo grupo, estaba por ejemplo también Stephen Shore y sus imágenes, aunque tienen como sujeto la misma, desafortunada intervención del hombre en el paisaje, son estéticamente atractivas, son un “himno” a la belleza que se encuentra en la fealdad. Una cuestión de perspectiva, de interpretación, de saturación, de composición, de postproducción, lo que sea, pero extremadamente importante para que sus imágenes sean estéticamente y armónicamente bellas. Resultado que personalmente comparto y que está más alineada con mi ser.

Gracias Lewis Baltz y Anna Mola por haberme provocado este torbellino de consideraciones, que seguramente añadirán un granito de sabiduría en mi bagaje como fotógrafo y también como persona.

Il Venerdí di Photosatriani N. 105

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Arbóreo N. 45 – Lucha Silenciosa 2

La presencia-ausencia: Francesca Woodman

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Untitled, Providence,Rhode Island, 1976. Gelatina de bromuro de plata. Papel: 20,3 cm x 25,4 cm. Imagen: 14,3 cm x 14,6 cm. Ed. 40

Bernal Espacio es una galería de arte, efímera. Aparece y desaparece en distintos lugares, dependiendo de la conveniencia y del contenido de la propuesta expositiva. Tan efímera que, buscando su dirección en Google Maps la localización de la exposición Ausencia/Presencia de Francesca Woodman, aparecía como Bernal Espacio en la c/Cohello en Madrid… pero, allí no había ninguna galería (la hubo por un breve periodo de tiempo el año pasado). Actualmente la galería, como la Araba Fenice, ha vuelto a aparecer en la c/Lope de Vega 17, en pleno barrio de Las Letras y estará allí, hasta el 31 de Mayo (para luego volver a desaparecer), con 30 fotografías de Francesca Woodman.

Google, a pesar de presumir “agilidad”, es más lento y torpe en actualizar la información de su “Maps” y todavía se obstina a mantener una dirección inexistente, a pesar de las muchas peticiones del dueño de Bernal Espacio Galería para que borre una información incorrecta; continuando así, dentro de algunos años, se podrán encontrar una infinidad de Bernal Espacio en toda la geografía Madrileña… pero esta es otra historia que no tiene nada a que ver con el arte visual…volvemos entonces a las imágenes de Francesca Woodman.

Su fotografía siempre me ha atraído como un potente imán, a pesar que sus imágenes parecen estar siempre al borde de la desaparición (o justo por esta misma razón), las fotografías de Francesca, son capaces de penetrar hondo en mi ser, que empatiza con el mundo emocional tan complejo, sensible, oscuro, nostálgico, vívido, incomprendido de esta chica que empezó a experimentar con la fotografía a la edad de 13 años, poniendo su cuerpo como modelo en los límites de espacios decadentes, para exaltar la fugacidad de nuestra existencia. Como dice el curador de esta exposición: “Francesca nos revela la presencia latente de la ausencia a través de la evanescencia de sus fotografías”.

Las imágenes de Francesca Woodman están a la venta y sus precios oscilan entre 6.000 y 9.500€; cada copia está firmada por los padres de la artista (su padre murió hace un mes y su madre tiene 83 años; Francesca tendría ahora 59 años) y son numeradas (series de 40).

En un rincón del barrio de Las Letras de Madrid, una galería efímera, con una propuesta visual tremendamente real, fuerte, embrujadora y bellísima en su evanescencia.

Dediqué hace algún tiempo otra entrada de este blog a Francesca Woodman, haciendo un paralelismo (ahora diría algo forzado pero no del todo) con una chica actual que tuvo un momento en el que me parecía que sus fotografías recalcaban de alguna manera el mensaje visual de Francesca Woodman.